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Un reflejo automático

Devocional adventista para la mujer 2022

Que todo lo que soy alabe al Señor, que nunca olvide todas las cosas buenas que hace por mí.

Salmos 103: 2, NTV

Mi amiga Anne y yo fuimos a pasear en bicicleta un domingo por el bosque de Whippendell Woods, en Inglaterra. ¡Fue un día de primavera glorioso! El sol brillaba y el suelo del bosque estaba pintado de azul, cubierto por un manto de cientos de miles de jacintos púrpura. Anne y yo nos detuvimos junto al arroyo para absorber la belleza del lugar antes de emprender el camino de regreso.

En un momento, debíamos girar a la izquierda para ingresar a una calle principal. Anne se detuvo, miró hacia ambos lados y luego comenzó a reírse. “¿Qué sucede?”, le pregunté. «Estoy tan acostumbrada a manejar, que intenté poner el guiño», me dijo ella. Después de conducir su automóvil por años, Anne desarrolló memoria muscular; poner el guiño no es más que un reflejo automático.

Imagina cultivar la gratitud de tal manera en tu vida, que se transforme en un reflejo automático; una reacción tan espontánea como decir: «¡Salud!» cuando alguien estornuda. El mejor fertilizante para la gratitud es la humildad.

Lamentablemente, la cultura consumista en la que estamos inmersas nos enseña a pensar que merecemos todo lo que deseamos. Con el tiempo, comenzamos a creer que tener salud, éxito o hijos no es un privilegio, sino nuestro derecho. Cuando no recibimos lo que queremos o hay problemas, nos resentimos. Con humildad, sin embargo, podemos comprender que todas las bendiciones son regalos inmerecidos y permanecer agradecidas.

La gratitud y la humildad dan un nuevo sentido a nuestras vidas. “El significado más profundo de cualquier momento radica en el hecho de que ese momento es un regalo», escribe David Steindl-Rast en Gratefulness, the Heart of Prayer [La gratitud, el corazón de la oración]. “La gratitud conoce, entiende y celebra ese significado”, agrega. Te invito a que hoy reconozcas y celebres todas las bendiciones de este día que Dios te da, con humildad y gratitud.

Señor, quiero que la gratitud se convierta en un hábito diario, un reflejo natural en mi vida. Sé que para desarrollar esta capacidad necesito humildad y práctica. Por eso, te pido que me libres del egoísmo. Renuévame, inunda mi corazón con gratitud. Abre mis ojos para que vea todo lo que me has dado y mis labios para alabarte.

Vanesa Pizzuto es licenciada en Comunicación Social por la Universidad de La Matanza, Argentina, y tiene un máster en Educación por la Universidad de Hertfordshire, Inglaterra. Es la autora de la serie de cuentos bilingües Amancay, publicada por este mismo sello editorial, así como de numerosos artículos. Trabajó como docente y como presentadora de radio para Radio Adventista de Londres. De nacionalidad argentina, Vanesa vive en Inglaterra.