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Buen Pastor

Devocional adventista para la mujer 2022

Él renueva mis fuerzas. Me guía por sendas correctas, y así da honra a su nombre.

Salmos 23: 3, NTV

Mi vecina Rox tiene un perro dichón frisé. Su nombre es Radleyy es una bola de pelo blanco enrulado (parece más una oveja que un perro). Como Rox tiene problemas en sus articulaciones y no puede caminar largas distancias, me pidió que la ayude a sacar a pasear a su perro. Le dije que sí, entusiasmada. Me encantan los perros. Además ¿cuán difícil podía ser sacar a pasear a un pequeño bichón frisé?

La primera señal de problemas fue lo mucho que nos costó ponerle la correa. Radley está tan regordete que casi no le entraba; parecía un embutido atado con un cordel. Sin embargo, cuando finalmente emprendimos camino, me convencí de que todo saldría bien. ¡Estaba muy equivocada! Hay cinco o seis cuadras de la casa de Rox al parque, pero cuando llegamos, Radley ya estaba jadeante. Luego de caminar unos pocos minutos en el parque, se sentó y me miró con una cara que decía: «De aquí no me muevo». La caminata nos debería haber llevado treinta o cuarenta minutos, pero tardamos casi una hora y media porque Radley se negaba a avanzar. Yo lo animaba como si fuera su entrenadora personal: «Vamos, Radley, ¡tú puedes!». La gente nos miraba con risa e incredulidad, pero, misericordiosamente, sin decir palabra. Al final de la caminata, sentí que estaba arrastrando a un barrilete por el piso más que paseando a un perro. Compadecida, intenté llevarlo en brazos, pero Radley es un perro independiente y no me dejó. Finalmente, volvimos a la casa de Rox: Radley, exhausto de la caminata; yo, de que no me permitiera ayudarlo.

¡Cuántas veces Dios quiere guiarnos y nos resistimos, como Radley! El camino nos agota, la correa nos aprieta y solo queremos descansar. Podemos desperdiciar cuarenta años así, en una caminata de solo once días (Deut. 1: 2-3). ¡Pero el buen Pastor nunca nos abandona! Pacientemente, continúa guiándonos por amor de su nombre (Sal. 23:3).

Por mucho que nos resistamos a sus brazos o nos encaprichemos, el buen Pastor no se aleja. Dejemos de resistirnos y de perder tiempo; permitamos que Jesús nos guíe.

Señor, confieso que muchas veces me porto como Radley: me resisto a que me guíes e intento hacer las cosas a mi manera (perdiendo tiempo y energía). Hoy quiero permitir que me guíes. Quiero aprender a confiar más en ti. Dame tu mansedumbre para seguirte humildemente estas veinticuatro horas.

Vanesa Pizzuto es licenciada en Comunicación Social por la Universidad de La Matanza, Argentina, y tiene un máster en Educación por la Universidad de Hertfordshire, Inglaterra. Es la autora de la serie de cuentos bilingües Amancay, publicada por este mismo sello editorial, así como de numerosos artículos. Trabajó como docente y como presentadora de radio para Radio Adventista de Londres. De nacionalidad argentina, Vanesa vive en Inglaterra.