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Dopaje espiritual

Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.

1 Juan 4:21

Creíamos que era un gran deportista hasta que descubrimos que se dopaba. Era el ciclista en mayúsculas, hasta que reconoció que tomaba EPO, se hacía transfusiones de sangre y se inyectaba testosterona. Era el futbolista más reconocido del momento hasta que se hallaron rastros de efedrina en su sangre.

Creímos que era una gran artista, hasta que supimos que se drogaba. Gauguin, Pissarro o Picasso pintaron bajo los efectos de la absenta. Hemingway tomaba mucho alcohol. Edgar Allan Poe, opio. Jean-Paul Sartre, mescalina. Parecían una cosa, pero eran otra.

¿Existe el dopaje espiritual? Sí, existe. Hay condiciones en las que se sobredimensiona una faceta espiritual de tal manera que se produce un gran desequilibrio. El más común en nuestros días es el fundamentalismo.

El fundamentalismo toma de tal manera la pasión por lo religioso que lo amplifica hasta deformarlo. La verdadera religión existe entre la sugerencia o la exhortación y la decisión personal. En el fundamentalismo, la sugerencia se convierte en imposición y la libertad de decidir desaparece. El control toma el poder y las personas se sienten sometidas por los caprichos de la religión de unos pocos.

Nada más alejado de la naturaleza divina, que respeta al máximo el libre albedrío del ser humano.
Otra manifestación de dopaje espiritual es la religión emocional. Se enfatiza tanto la experiencia personal que todo depende de las emociones individuales. La vida espiritual es simple subjetividad, y supuestamente, DIOS les habla tan específicamente que terminan convirtiéndose en dios. Nuestros gustos y nuestros tiempos marcan nuestras decisiones religiosas o nuestras creencias. Dios no es solo un Dios de emociones, también lo es de verdad y de pensamiento.

Me preocupa, sin embargo, un dopaje más elaborado, pero no menos peligroso: la religión sin espacio para las personas. Hay gente que se jacta de amar a Dios y que no tiene sentimiento alguno por su prójimo. Conoce al dedillo las doctrinas, las normas de los manuales, los protocolos eclesiásticos, pero vive en una torre de marfil. Parece muy religioso, pero no lo es. Podíamos decir, quizá de forma jocosa, que toman “divinanfetamina”.

A esas personas les escribe Juan, recordándoles que no pasarán la prueba del dopaje porque Jesús dijo que el que ame a Dios debe amar también a su hermano. El hermano de casa, el hermano de la iglesia, el hermano del trabajo, el hermano desconocido. La verdadera religión ama hacia arriba y hacia los lados.

Sería triste que se dijera de nosotros que parecíamos religiosos pero que…

Víctor M. Armenteros es doctor en Filología Semítica por la Universidad de Granada y doctor en Teología (Antiguo Testamento) por la Universidad Adventista del Plata (Argentina). Durante más de una década ha sido profesor de Sagrada Escritura y Lenguas Bíblicas en el Seminario Adventista de España. Actualmente comparte la docencia con la gestión, al ejercer como director de los estudios de posgrado de la Universidad Adventista del Plata y de la sede austral (Argentina, Paraguay y Uruguay) del Seminario Adventista Latinoamericano. Es miembro de la Asociación Española de Estudios Hebreos y Judíos. Ha colaborado como traductor en la Biblia Traducción Interconfesional y forma parte del equipo editorial de la revista DavarLogos. Es, a su vez, autor de diversos artículos sobre escritos bíblicos y literatura rabínica.