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Consecuencias del pecado

Siete días después murió el niño, y los oficiales de David tenían miedo de decírselo, pues pensaban: “Si cuando el niño aún vivía, le hablábamos y no nos hacía caso, ¿cómo vamos ahora a decirle que el niño ha muerto? ¡Puede cometer una barbaridad!

2 Samuel 12:18, DHH.

En medio de tanta abundancia, el triunfo, el éxito y las bendiciones, David perdió toda sensibilidad hacia el mal. Un pecado lo llevó a otro, hasta que no sentía culpa por sus malas acciones. Mientras más intentamos ocultar un pecado, más insensibles nos volvemos. Por eso los sentimientos no son una guía confiable para discernir entre el bien y el mal.

El profeta Natán, con destreza y tacto, confrontó a David con su pecado. Si te corresponde una misión como la de Natán, ora por sabiduría para que tengas el mismo éxito. La manera como presentas el mensaje es tan importante como el mensaje mismo.

Natán confrontó a David con el adulterio y el asesinato, mediante la parábola del hombre que mató la única ovejita de un individuo pobre (2 Sam. 12:1-6). David no se dio cuenta de que representaba el villano de la historia, y dictó sentencia de muerte para el culpable, condenándose a sí mismo. Es común condenar en otros nuestras propias faltas.

Apenas David se hizo consciente de su pecado, lo reconoció, lo confesó y pidió perdón. En ese acto de consternación escribió el Salmo 51. No importa cuánto has pecado, si clamas a Dios, él te ofrece el perdón más gratificante. “Quienquiera que bajo la reprensión de Dios humille su alma con confesión y arrepentimiento, tal como lo hizo David, puede estar seguro de que hay esperanza para él” (PP, p. 786).
Las consecuencias del pecado de David eran irreversibles. Dios restaura tu relación con él, pero no elimina las consecuencias del pecado cometido.

El niño producto de aquel adulterio murió. David se levantó y fue al templo (vers. 20). Una sensación de paz y perdón cubrió a David, sabiendo que había hecho cuanto había podido para buscar la gracia divina. La habilidad de adorar y honrar a Dios en tiempo de prueba es una demostración de tu confianza en él. “Cuando la respuesta del cielo es contraria a nuestra súplica, debemos recordar que Dios sabe lo que es mejor y que por alguna razón, con frecuencia desconocida para nosotros, él ve que no es lo mejor prolongar la vida del que está enfermo” (2CBA, p. 652).

Aceptemos su voluntad.

ARSENIA FERNÁNDEZ-UCKELE es teóloga, educadora, especialista en familia y desarrollo infantil. Ha sido misionera en África, Cuba, Argentina, Venezuela y Colombia. Actualmente se desempeña como profesora de castellano en Toledo, Ohio. Es anciana y tesorera de su iglesia local. En su tiempo libre graba programas para la televisora local en Estados Unidos, Venezuela y varias emisoras cristianas. Predica y presenta seminarios en reuniones de damas.