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Don Tancredo

Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?

1 Juan 3:17.

Tancredo López fue un torero valenciano con muy poca fortuna de finales del siglo XIX. Tan miserable era su condición que inventó un espectáculo sumamente arriesgado para ganar algo de dinero.

Se colocaba en mitad de una plaza de toros, subido en un pedestal y vestido de blanco, esperando la salida del toro. Confiaba en que el bruto animal lo confundiera con una estatua de mármol y no lo embistiera.

La idea tuvo bastante éxito entre las personas con condiciones económicas ajustadas y se convirtió en un famoso lance taurino: Don Tancredo. Lo cierto es que el público esperaba que el actor fuera acorneado por la bestia.

Dos ideas me rondan con relación a esa imagen, dos ideas que me gustaría reflexionar contigo, si no te importa. Primero, hay personas que viven en condiciones extremas y que, a la desesperada, son capaces de arriesgar sus vidas por conseguir lo mínimo.

Esa realidad la viven millones de seres humanos. Segundo, la expresión “dontancredismo” se refiere a aquellos que se mantienen inmóviles ante las adversidades de la vida. De igual manera que el Don Tancredo permanece estático ante la presencia del toro bravo, hay individuos que no reaccionan cuando debieran hacerlo. Son como estatuas de mármol: duras, frías y expuestas.

Ambas ideas me hacen pensar en el texto de Juan y en la naturaleza de los cristianos. Primero, hemos de ser conscientes de la realidad que nos rodea: millones de personas sufren, tienen hambre, viven en el límite. No podemos ignorar esa situación. Sería un pecado hacerlo. Segundo, no existe para un cristiano la opción del dontancredismo.

Un cristiano, si lo es, no puede permanecer inerte ante la necesidad de nadie. Si cierra su corazón a la solidaridad, ¿quién vive en su corazón? No es el amor de Dios, ¿quién o qué será?

Muchos en este mundo nos dan ejemplo de compromiso, de generosidad al entregar parte de sus vidas y recursos a los necesitados. ¿No reaccionaremos nosotros así? Si ya lo haces, gracias a Dios porque está morando en tu corazón. Si no lo haces, gracias a Dios porque te está dando una oportunidad para que no te quedes inmóvil, como una estatua de mármol.

Abre tu corazón, destina al bien tus mejores decisiones y verás cómo, en algunos momentos, se te adelanta la imagen de lo que será diario en esa Nueva Tierra donde todas las necesidades estarán cubiertas.

Víctor M. Armenteros es doctor en Filología Semítica por la Universidad de Granada y doctor en Teología (Antiguo Testamento) por la Universidad Adventista del Plata (Argentina). Durante más de una década ha sido profesor de Sagrada Escritura y Lenguas Bíblicas en el Seminario Adventista de España. Actualmente comparte la docencia con la gestión, al ejercer como director de los estudios de posgrado de la Universidad Adventista del Plata y de la sede austral (Argentina, Paraguay y Uruguay) del Seminario Adventista Latinoamericano. Es miembro de la Asociación Española de Estudios Hebreos y Judíos. Ha colaborado como traductor en la Biblia Traducción Interconfesional y forma parte del equipo editorial de la revista DavarLogos. Es, a su vez, autor de diversos artículos sobre escritos bíblicos y literatura rabínica.