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Con temor y temblor

Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor.

Filipenses 2:12.

Un predicador estudió durante años el tema de la salvación por gracia, y se convenció de que había algo más que hacer por tan inmerecido don, que se necesitaba hacer alguna obra para merecerla. Por su errada conclusión, entregó sus credenciales y se fue a la iglesia popular a pagar penitencias.

El texto de hoy podría ser interpretado de esa manera. Si lo descontextualizas, concluyes que debes ayudar a Dios a salvarte. La expresión, “por tanto”, es una frase conectiva, un puente, y no una pista de aterrizaje, entre los versículos 5 al 11 y los versículos 12 al 16.

La palabra “ocupaos”, del original griego katergázomai, significa mostrar o exhibir una labor que ya fue hecha o completada. No tiene nada que ver con iniciar la labor. La obra fue hecha por Jesús; tú solo representas esa labor: confesando con humildad que Jesucristo es el Señor.

Por otro lado, Pablo animó a los filipenses a atender sus propias necesidades espirituales con reverencia, con solicitud, con una prudente desconfianza propia. Los animó a temer independizarse de Jesús, a estar vigilantes en cada momento y a entregarse constantemente a Dios.

Incluso, mostrar a otros los resultados de la salvación es también una obra de Dios, porque es él quien pone en ti “el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Fil. 2:13). El deseo de Dios se transforma en tu deseo y te capacita para hacerlo.

En fin, ocuparse de tu salvación es la labor incansable de Dios. No haces nada por tu propia fuerza, todo lo hace Dios por ti y por medio de ti. Solo muestra la labor de Dios en tu vida con temor y temblor; es decir, con reverencia y respeto.

¡Qué glorioso descubrimiento! Tu participación en tu salvación es temer a Dios. “El Señor no toma al hombre con sus propios sentimientos y deficiencias naturales para ubicarlo de golpe en el ámbito de la luz de su rostro.

No, el hombre debe hacer su parte, y mientras se ocupa en su propia salvación con temor y temblor, Dios obra en él tanto el querer como el hacer por su buena voluntad. Mediante la combinación de estos dos poderes el hombre alcanzará la victoria y recibirá finalmente la corona de vida” (CDCD, p. 342).

¡Eres una obra de salvación completa!

ARSENIA FERNÁNDEZ-UCKELE es teóloga, educadora, especialista en familia y desarrollo infantil. Ha sido misionera en África, Cuba, Argentina, Venezuela y Colombia. Actualmente se desempeña como profesora de castellano en Toledo, Ohio. Es anciana y tesorera de su iglesia local. En su tiempo libre graba programas para la televisora local en Estados Unidos, Venezuela y varias emisoras cristianas. Predica y presenta seminarios en reuniones de damas.