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La ley de la solidaridad

Cuando llegue el tiempo de cosechar, no recojas hasta el último grano de tu campo ni rebusques las espigas […]. Déjalas para los pobres y los extranjeros.

Levítico 23: 22

Materiales:

  • Alimentos para compartir y Biblia.

Déjalas para los pobres y los extranjeros». Levítico 23: 22
¡Mira qué lindo es este campo! Hay muchos alimentos sembrados. ¿Alguna vez has sembrado frutas o vegetales? ¿Cuál de ellos te gusta más?

Para poder disfrutar de los frutos se necesita paciencia y mucho trabajo, porque debes limpiar la tierra y sembrar muy temprano. Además, debes regar las plantas y cuidarlas cada día.

Estas personas pertenecen al pueblo de Israel. Dios los había llevado a un país donde ellos podrían sembrar frutas, verduras, legumbres y cereales. Todos estaban muy contentos con las casas y los jardines que Dios les había regalado.

Dios les dio leyes, es decir, les ordenó hacer muchas cosas que eran para su beneficio. También les dio la ley de la solidaridad. Junto a tus padres, lean Levítico 23: 22 y Deuteronomio 24: 19.

Dios quería que su pueblo fuera solidario con las viudas, los huérfanos, los extranjeros y los pobres. Por eso no debían recoger todos los alimentos que habían sembrado. Dios es solidario, y quiere que tú también lo seas. Quizás no tengas huerta o jardín, pero puedes compartir los alimentos que tienes en tu casa.

Padre de amor, ayúdame a practicar la solidaridad en mi comunidad.

Actividad: Junto a tus padres, prepara algunos alimentos para compartir con alguna viuda, huérfano o persona pobre de tu comunidad.

Dileisi Alimaris Pacheco es psicóloga clínica. Trabajó durante mucho tiempo con niños que tienen diversidad funcional. Le encanta trabajar con los niños de la iglesia. Actualmente colabora en el Grupo de Trabajo de Psicología y Discapacidad del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña, España.