Categories

Archivos

Thomas y Killman

Aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre lo había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto por mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob.

Génesis 27:41.

Esaú era un hombre de acción, cazador, y resolvió que la afrenta que había recibido la solucionaría con una de sus mejores destrezas: matar. Nos parece radical, pero es para lo que se había preparado. Era incorrecto, pero muy competente. ¿Nadie le había dicho a Esaú que así no se arreglan las cosas?

Aprendemos la fórmula de la gravedad, la composición del agua, la historia de nuestro país, pero raras veces aprendemos a solucionar los conflictos de cada día. Y así, a nuestra manera, afrontamos las dificultades de relación y los problemas con la gente.

A veces acertamos. Pero, en muchas ocasiones, sufrimos con el proceso. Thomas y Killman fueron dos investigadores que se dedicaron a estudiar este tema y concluyeron que hay cinco maneras de enfrentar un problema.

Están, en primer lugar, los que tienen un “estilo competitivo”, su interés personal está por encima de la cooperación o la búsqueda de una solución. Con esta actitud no se suelen resolver los problemas.

En la posición opuesta, hallamos el “estilo de acomodación”, donde la persona acepta lo que sea por complacer la situación. Esta ha sido una propuesta muy generalizada en entornos religiosos, que termina produciendo frustración y futuros problemas.

En tercer lugar están los que tienen un “estilo de huida” y que no atienden a sus intereses ni a los del otro, simplemente escapan o ignoran el problema. Este estilo no resuelve tampoco los conflictos sino que los enquista.

El “estilo de compromiso” avanza algo más hacia la solución porque, aunque no se reconocen los errores, ambas partes se implican en realizar ciertas acciones que destraben la situación. Por último, si bien se da en pocas ocasiones, están los del “estilo de colaboración”, donde ambas partes reconocen sus posiciones, dialogan y buscan las diferentes vías para encontrar y afirmar una solución.

No hay duda, como cristianos debemos aprender y aplicar el “estilo colaborador”, donde importamos nosotros, importa el otro y anhelamos la paz y un futuro con esperanza. Porque, no lo olvides, estamos llamados a ser pacificadores.

Nuestra función en este mundo no es la de ser siempre ganadores, ni sumisos ni escapistas, ni siquiera realizadores de pactos.

Nuestra función es la de ser gente que pone todo su ser en crear la atmósfera celestial, un ambiente de alegría y paz. Sobre nosotros, cuando cumplimos esa función, Jesús dijo: “Bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios” (Mat. 5:9).

Víctor M. Armenteros es doctor en Filología Semítica por la Universidad de Granada y doctor en Teología (Antiguo Testamento) por la Universidad Adventista del Plata (Argentina). Durante más de una década ha sido profesor de Sagrada Escritura y Lenguas Bíblicas en el Seminario Adventista de España. Actualmente comparte la docencia con la gestión, al ejercer como director de los estudios de posgrado de la Universidad Adventista del Plata y de la sede austral (Argentina, Paraguay y Uruguay) del Seminario Adventista Latinoamericano. Es miembro de la Asociación Española de Estudios Hebreos y Judíos. Ha colaborado como traductor en la Biblia Traducción Interconfesional y forma parte del equipo editorial de la revista DavarLogos. Es, a su vez, autor de diversos artículos sobre escritos bíblicos y literatura rabínica.