«No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para que todos los que creen alcancen la salvación, los judíos en primer lugar, pero también los que no lo son». Romanos 1: 16
CURSABA EL SEXTO SEMESTRE de la licenciatura de Biología. El profesor de Evolución nos asignó un trabajo en grupos. La tarea consistía en exponer el origen y destino del ser humano desde la perspectiva del hinduismo, budismo, judaísmo, cristianismo y evolucionismo. Desde luego, el profesor era ateo y deseaba escuchar que se exaltase la teoría de Darwin. Hacer lo contrario ponía en peligro la clase y por ende la licenciatura.
De manera intencional, escogí las perspectivas judía y cristiana. Esos días, le pedía Dios la oportunidad de presentar el evangelio en la clase. Sentí que Dios me decía: «Tu exposición debe ser una predicación» y así me preparé. Cuando llegó mi turno, dije que trataría el tema de manera objetiva, expondría lo que el judaísmo y cristianismo creen sin alterar nada, al fin y al cabo mis compañeros ya habían defendido la tesis evolucionista.
En mis notas para la presentación tenia versículos del Antiguo y Nuevo Testamento. Comencé hablando de un Dios que creó todo por amor. Señalé las desgracias que la humanidad sufre por el pecado. Presenté la ley de Dios y su lugar en la cosmovisión judeocristiana. Resalté el hecho de que los judíos esperaban a un Mesías que los salvaría y cómo el cristianismo presenta a Jesucristo como el cumplimiento de esa promesa. Concluí diciendo que aquellos que creen en Jesús, no serán destruidos sino que tendrán vida eterna.
Cuando terminé, se sentía un ambiente solemne y de reflexión, mis compañeros y el profesor sintieron el llamado de Dios a adorarlo y reconocerlo como Creador. Con una expresión confusa el maestro me dijo que yo había predicado, en vez de haber realizado una exposición. A esto le respondí de manera firme que solo había expuesto lo que estas religiones creen, a lo que él me contestó que mi ponencia fue excelente. Ese día muchos conocieron a Jesús en la clase de Evolucionismo.
Hoy te invito a que testifiques siempre de Jesús, a que no te avergüences del evangelio y comprobarás que es poder de Dios para salvación.
Gianni Enmanuel Junco López, México
Lecturas devocionales para jóvenes 2018
365 vivencias de jóvenes como tú

