Y oró Eliseo, y dijo. Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea.
2 Reyes 6:17.
La realidad de Israel había comenzado a cambiar en los días tempestuosos de Elías. A Eliseo se lo ve frecuentemente en la capital, como consejero del joven rey Joram. El rey había aprendido a obedecer al profeta, y su pueblo y sus enemigos habían aprendido que Eliseo era el profeta de Dios (vers. 12). En gran medida, las buenas relaciones entre los profetas y la corona se debieron a las denuncias y a los reclamos de justicia que años antes había hecho Elías.
Gracias a que las tormentas de invierno llegan a su tiempo, el sol primero hace brotar las flores.
Ha que rendir honor a los héroes que comienzan la lucha y no ven la victoria. Tal fue el caso de Elías, que sembró, con voluntad indomable, la semilla que germinara en la gran obra de Eliseo, tanto en favor del rey de Israel como de los «hijos de los profetas» (vers. 1-4).
Lo cierto es que aquel gran educador Eliseo nos deja una enseñanza imperecedera a causa de su fe: no hay situación en la vida, por grave o peligrosa que sea, que la vivamos solos. Los ángeles de Dios ministran a nuestro lado. Pero, para verlos, necesitamos «abrir los ojos».
Nuestros ojos pueden estar cerrados para las cosas de Dios. Miramos, y nos guiamos tanto por las cosas que están a la vista que nos tenemos visión para lo invisible. Pero la vida espiritual del creyente no depende de la razón, que se alimenta de lo que se ve, sino de la fe. «Porque por fe andamos, no por vista» (2 Cor. 5:7). La mundanalidad, el pecado, el escepticismo, el limitado entendimiento humano, la fatiga por el paso del tiempo, ciegan los ojos de nuestro espíritu. ¡Que se cierren los ojos físicos para que se abran los del espíritu!
El «colirio divino» aclara nuestra visión, para que no nos engañe el «espejismo» del mundo, que los sentidos ponen a nuestra disposición. Jesús revela «la verdadera Luz de todo nuestro ver».
La oración silente te acompañará, y te dará una seguridad serena y profunda, superior a la que ofrece la vista más aguda bajo el sol más brillante de la inteligencia.
Oración: Señor, pon colirio en mis ojos.
Lecturas Devocionales Para Adultos 2019
Las Oraciones más Poderosas de La Biblia – Ricardo Bentancur

