Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.
Juan 17:17.
¿Quieres vivir con Jesús para siempre?
La oración de Jesús podría expresarse en estas palabras: «Sepáralos del pecado y del mal por medio del poder de tu Palabra» (ver Juan 17:17). Es una oración muy práctica. Tú y yo hemos sido “separados”, por la sangre de Jesús, del castigo eterno por el pecado. Pronto, cuando Jesús vuelva, seremos “separados” de la presencia del pecado. Pero, mientras vivimos en este mundo, cada día rogamos a Dios en oración que nos “separe” del poder del pecado.
Morimos cada día al pecado (1 Cor. 15:31). Esta no es una obra humana, no tenemos poder para morir y resucitar. El poder está en Jesús (Fil. 4:13). La Palabra de Dios, que es representado en Cristo, quien declaró “Yo soy la resurrección y la vida” (Juan 11:25), nos sostiene cada día ante el poder del pecado.
¿Cómo superar un vicio arraigado en las napas más profundas de mi mente? ¿Cómo escapar del “vicio de la virtud”, que convierte mi religión en un látigo para castigar a mis hijos? ¿Cómo escapar de mí mismo, de mi propio carácter agrio, de mi espíritu de crítica, de mis pequeñas deshonestidades y mezquindades cotidianas?
Me abruma pensar que yo tengo que ser santo para entrar en el cielo. ¡No puedo solo! La oración de Jesús me consuela: ¡No nos pide que nos santifiquemos, sino que le ruega al Padre que nos santifique! El tiene el poder de separarnos para Jesús, para que venzamos el pecado, y seamos glorificados con él.
Dejarnos santificar por Dios es el propósito más elevado al que puede aspirar nuestro corazón. Es una obra divina. Pero es una obra que solo es posible si abrimos la puerta de nuestro corazón. ¡Tenemos la pequeña y poderosa llave en nuestras manos! Es la misma llave que abre los diques de las corrientes incontenibles del Espíritu, ¡que da vida al desierto! Estamos muertos sin Cristo: “Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Efe. 2:1). Pero estamos muertos si no abrimos nuestro corazón.
Busca a Jesús, aunque no quieras. Búscalo en oración, búscalo con desesperación, porque en él hay vida. “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Fil. 2:13; énfasis agregado).
Oración: Señor, búscame para que te busque.

