“En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, y estamos esperando que del cielo venga el Salvador, el Señor Jesucristo”
(Filipenses 3:20).
Porque Dios quería que su pueblo fuera diferente a los otros pueblos, que fuera un ejemplo y un testimonio del gran amor de Dios hacia los demás. Sin embargo, el pueblo ya no quería ser gobernado por profetas y le pidió a Dios que le permitiera ser gobernado por reyes.
Dios les concedió este pedido pero, a diferencia de los otros pueblos, Israel era gobernado por Dios y los reyes se consideraban «virreyes”. Ellos estaban dispuestos a ser instruidos por los profetas del Señor. Pero hubo reyes que ignoraron esta forma de gobernar y condujeron a la nación a la degradación moral y espiritual.
Los reyes tenían amplios poderes e influencia en asuntos civiles, militares y religiosos. También eran la suprema autoridad judicial y los comandantes de sus ejércitos. Su cargo duraba toda la vida y la sucesión era por herencia.
Cuando Jesús vino por primera vez, procuró guiar al pueblo para que aceptara a Dios como su rey, pero no lo aceptaron. La Biblia dice: “En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, y estamos esperando que del cielo venga el Salvador, el Señor Jesucristo” (Filipenses 3:20).
Desafío: ¿De qué manera permitimos que Dios sea nuestro Rey personal? Escribe la respuesta aquí.
Lee más en la Biblia, [Deuteronomio 33:15]; [Salmo 5:1, 2]; [1 Reyes 3:6,7]; [1 Samuel 8:20]; [2 Samuel 12:7-15]; [2 Samuel 14:4, 15].

