Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados. Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas.
Hebreos 12:11, 12.
«Siento que me estoy derrumbando, y no quiero”, son las palabras de una persona que me acaba de escribir al celular. Necesita consuelo, ayuda, una luz en su camino.
Probablemente tú también clames: “¿Hasta cuándo, Señor, tengo que soportar esto?”
Nuestro texto puede pasar tan inadvertido como la luz de un faro encendido en un día soleado. Pero, tarde o temprano, la noche cae tempestuosamente, y entonces estos pensamientos del apóstol se tornan un haz luminoso, el faro en la noche que parpadea en el mar de la vida para ayudarnos a encontrar el puerto. Pocos textos son tan instructivos acerca del valor y el sentido de la “disciplina de Dios” para nuestra vida como lo es Hebreos 12.
Pablo nos habla de la prueba de la disciplina que nos depara la vida, y nos dice que podemos reaccionar de tres maneras: 1) Menospreciarla (vers. 5). Es como despreciar el medicamento que nos cura la enfermedad, porque no nos gusta. La prueba que disciplina puede ser tu mejor amiga, porque te madura para realizar los anhelos más profundos de tu corazón. 2) Desmayar (vers. 5). Puedo preguntar“¿Por qué a mí?”, en vez de preguntar“¿Para qué, Señor?” La primera pregunta es inútil, la segunda nos torna proactivos, para aprender a extraer una enseñanza y darle un sentido a la prueba. 3) Soportarla (vers. 7). Encontrarle un significado para soportarla no se trata de una actitud masoquista, propia de algunos creyentes que se creen muy “piadosos” cuando sufren, como los faquires que caminan sobre trozos de vidrios.El que capta el sentido de la prueba la vive con esperanza, porque sabe que toda prueba “da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” (vers. 11). ¿Cuál es ese fruto? Ser considerados hijos de Dios, porque Dios no disciplina a quien no es su hijo (vers. 8).
¿Cómo puede uno prepararse para el dolor? ¿Cómo “ejercitarse” en laspruebas? “Levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas” (vers. 12). Larelación diaria con Cristo, mediante la oración sincera y secreta, nos preparapara las noches sin luna.
Oración: Señor, ayúdame a aprender de las pruebas.

