Allí tuvo un sueño, en el que veía una escalera que estaba apoyada en la tierra y que llegaba hasta el cielo, y por la cual los ángeles de Dios subían y bajaban.
Génesis 28:12
—Comenzaremos esta mañana con la historia de Jacob —dijo el padre—, que les voy a contar en primera persona.
Hola, soy Jacob. Fue muy triste para mí tener que dejar mi hogar. Me despedí de mis padres y salí huyendo de mi hermano Esaú. Cuando llegó la noche decidí dormir allí donde me encontraba puse una piedra de cabecera y me dormí con mucho miedo. Lo hermoso fue que tuve un sueño.
Soñé con una escalera que llegaba hasta el cielo, y veía al Señor que me hablaba y me recordaba la promesa que originalmente le dio a mi abuelo Abraham acerca de una nación grande y de que esa tierra nos iba a pertenecer. Lo que me gustó fue que me dijo que estaría conmigo dondequiera que yo estuviera. ¡Cuán grande era el amor de Dios! A pesar de lo que yo había hecho, Dios todavía me amaba.
Cuando desperté, puse la piedra como señal y llamé a ese lugar Betel. Hice la promesa de que Dios sería mi único Dios y le daría el diezmo de todo lo que tuviera. Así que de allí salí y me dirigí a Harán, donde vivía la familia de mi madre Rebeca. Llegué al pozo del lugar y vi venir a una hermosa joven llamada Raquel; era la hija de Labán, mi tío, el hermano de mi madre.
Rápidamente me levanté y la ayudé a dar de beber a sus ovejas. Le dije que yo era hijo de Rebeca, y ella fue corriendo a avisarle a su padre, que vino a recibirme. Hada años que el mayordomo de mi abuelo había llegado con ricos regalos; yo era pobre, no tenía nada que ofrecer, pero ofrecí trabajar para mi tío siete años a cambio de casarme con Raquel, su hija.
Cuando es Dios quien dirige tu vida, las cosas siempre ayudan para bien.
Tu oración: Querido Jesús, ayúdame a ser fiel en los diezmos y ofrendas.
¿Sabías qué? “Jacob” quiere decir “suplantados”

