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El poder divino combinado con el esfuerzo divino

Matutinas para Mujeres 2020

«Aarón y Hur le sostuvieron los brazos, uno de un lado y el otro del otro. De esta manera los brazos de Moisés se mantuvieron firmes hasta que el sol se puso, y Josué derrotó al ejército amalecita»

(Éxo. 17: 12-13).

Cuando nos sobrevienen situaciones difíciles y nuestra fe parece desmayar, podemos tomar como referencia la siguiente experiencia de Moisés en el desierto: «Los amalecitas se dirigieron a Refidim para pelear con-

tra los israelitas. […] Moisés, Aarón y Hur subieron a lo alto del monte. Cuando Moisés levantaba su brazo, los israelitas dominaban en la batalla; pero cuando lo bajaba, dominaban los amalecitas. Pero como a Moisés se le cansaban los brazos, [ ] Aarón y Hur le sostuvieron los brazos, uno de un lado y el otro del otro. De esta manera los brazos de Moisés se mantuvieron firmes hasta que el sol se puso, y Josué derrotó al ejército amalecita» (Éxo. 17: 8-13).

Vemos aquí tres elementos clave en la lucha cristiana: 1) confiar nuestro des­tino en las manos del Señor. Eso es lo que hizo Moisés cuando «subió a lo alto del monte»: orar para que el Señor actuara y decidiera su destino. 2) Apoyarnos en personas de fe que puedan sostener y alentar nuestro ánimo, para que su apoyo nos dé fuerzas cuando más las necesitamos. 3) Hacer lo que esté a nuestro al­cance para obtener esa victoria, sin escatimar esfuerzos.

«Como los hebreos triunfaban cuando Moisés elevaba las manos al cielo e intercedía por ellos, así también triunfará el Israel de Dios cuando mediante la fe se apoye en la fortaleza de su poderoso Ayudador. No obstante, el poder divi­no ha de combinarse con el esfuerzo humano. Moisés no creyó que Dios vence­ría a sus enemigos mientras Israel permaneciera inactivo. Al mismo tiempo que el gran jefe imploraba al Señor, Josué y sus valientes soldados estaban haciendo cuanto podían para derrotar a los enemigos de Israel y de Dios» (Patriarcas y pro­fetas, cap. 26, p. 271). Ya lo ves, obtendremos victorias cuando 1) mediante la fe, nos apoyemos en Dios; 2) combinemos el poder divino con la ayuda de perso­nas de fe y 3) pongamos todo el esfuerzo humano que sea necesario.

Recuerda levantar tus manos al cielo, la morada de Dios y de donde viene nuestro auxilio y fortaleza. Recuerda pedir la ayuda humana que necesitas. Recuerda hacer todo lo que esté en tu capacidad, sin permanecer inactiva.