«El Señor le contestó: “Solo borraré de mi libro al que peque contra mí”».
Éxodo 32:33
—Ahora veamos cómo se comportó el pueblo en ausencia de Moisés —comenzó el tema la mamá esa mañana—. Realmente, Moisés estuvo cuarenta y seis días en el monte. Seis días esperando a que Dios le hablara y cuarenta días cuando entró en la nube con él. Mientras tanto, al pueblo le pareció que era demasiado tiempo y le pidieron a Aarón que les hiciera un dios como los que habían visto en Egipto. ¿Se imaginan? Habían sido testigos del poder de Dios desde que estaban en Egipto, y apenas unos días antes la manifestación divina había sido gloriosa; y ahora preferían tener como dios a un objeto creado por ellos. Aarón era débil de carácter y por eso accedió.
—Tal vez tuvo miedo del pueblo —añadió Susana.
—Sí, seguramente, pues él había visto cómo se estaban quejando siempre ante Moisés —afirmó Mateo.
—Aarón no se atrevió a decirles que no, ordenó que le trajeran joyas de oro y les hizo un becerro. Construyeron un altar y en nombre de Dios declararon que al día siguiente harían fiesta para adorarlo —continuó la mamá—.
Desde muy temprano realizaron sacrificios, comieron y bebieron. Solamente unos pocos se mantuvieron fieles al Señor; la mayoría cayó en la idolatría. Me imagino a aquellos fieles contemplando con tristeza lo que hacían los demás, quizás algunos eran sus propios familiares y amigos. Fue entonces cuando Dios le dijo a Moisés que debía bajar, pues el pueblo había apostatado y se habían hecho un becerro de oro. Lo más pronto que pudo, Moisés descendió. Cuando vio lo que Israel estaba haciendo, arrojó las tablas de piedra de la ley de Dios y estas se quebraron. El pueblo había roto el pacto con Dios, y él lo había roto con ellos.
Tu oración: __________________________________________________________
¿Sabías qué?
La multitud mixta que había salido junto con los israelitas fue la primera en ocasionar los problemas.

