«Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos»
Hebreos. 13:8
Mamá iba y venía por la casa esa mañana, antes de que saliéramos hacia la escuela. Puso fuentes en el horno con temporizador, nos revisó rápidamente a mí y a mi hermana, y nos hizo salir sin tardar.
De camino hacia la iglesia donde íbamos a encontrarnos con papá, le preguntamos:
-¿Qué está pasando?
-El presidente de la asociación vendrá hoy -anunció.
Al crecer en una familia pastoral, periódicamente recibíamos visitas de presidentes de asociaciones, y ya sabíamos lo que eso significaba: pronto estacionaría un camión de mudanzas frente a casa, y se llevaría todos nuestros muebles. Nosotros lo seguiríamos, por supuesto. Lejos de nuestros amigos. Lejos de nuestra casa. Lejos de todo lo que nos era conocido.
Ese día el presidente de asociación había venido desde California. Invitó a papá a pastorear una iglesia del otro lado de los Estados Unidos.
Mi hermana y yo salimos corriendo de la casa y nos sentamos a la orilla del arroyo. Lloramos y prometimos quedarnos a vivir con nuestros amigos. Pero, no sé cómo, terminamos en nuestro auto rumbo a California.
Cuando llegamos a nuestro destino, yo temía comenzar las clases en una nueva escuela. Sin embargo, una vez que me adapté, descubrí que le caía bien a mi nueva maestra. Evidentemente, mi maestra del este del país no le había avisado que yo siempre me metía en problemas. Me pasaba la mayor parte del tiempo en el pasillo, sentada en mi pupitre, a donde mi maestra me confinaba.
Sin embargo, de repente, mi nueva maestra pensaba que yo tenía algunas habilidades para escribir y me animaba. Hasta envió algunos de mis poemas a un periódico local, y ellos publicaron uno. Comencé a amar la escuela.
Cuando había visto ese camión de mudanzas estacionando frente a nuestra casa, me había puesto muy triste. Pero no contaba con el principio de que Dios me «había preparado algo mejor».
He tenido otras mudanzas mientras hacia la escuela primaria. Y aunque las mudanzas siempre son dolorosas y entrañan pérdidas, Dios inevitablemente nos trae algo mejor. Una nueva experiencia para ayudarnos a crecer. Nuevos amigos. Una nueva percepción de su presencia.
Ya no me dan tanto miedo los camiones de mudanzas.

