«Alégrense con los que están alegres y lloren con los que lloran»
Romanos. 12:15, NTV
“¡Da dum da da!» Alvin otra vez estaba haciendo de las suyas. Era un estudiante de la Universidad Oakwood que había venido a la revista Insight para hacer una pasantía de verano. Su escritorio estaba en mi oficina. (Yo era editora asistente.) Así que, todo el día, mientras trabajábamos, lo escuchaba improvisar ritmos: «¡Bum ba ba ba!»
Sonaba espectacular; y él me aseguraba que sonaba mucho mejor con las otras voces del grupo. Él era uno de seis. (Alvin Chea y Take 6 han ganado diez premios Grammy.)
Yo disfrutaba de la música de Alvin, de sus escritos y de su gran sonrisa.
Pero, un día su sonrisa me dejó atónita.
Chris Blake, el editor de Insighten esos días, le pidió a Alvin que triturara las participaciones de cierto concurso de escritura. (Si un autor incluía un sobre franqueado con la dirección del remitente, se les devolvía el manuscrito. Si no, se trituraba.)
Alvin volvió un rato después con una gran sonrisa en su rostro.
-Ehhh… metí la pata -confesó, aún sonriendo al punto de que se le veían los dientes-. Trituré todos los documentos; incluso los que tenían sobres franqueados con dirección para devolverlos.
Pensamos que Alvin estaba bromeando. ¿Por qué otra razón estaría sonriendo así? Pero, no era una broma.
-Siento estar sonriendo -explicó, señalando su rostro-. Cuando me pongo nervioso o meto la pata, sonrío. No quiero hacerlo, y lo siento mucho.
Entonces, recordé mi risa nerviosa en la primaria. Cuando mi amiga Julie se cayó de la hamaca, yo estallé en risas.
-¡No es gracioso!-gritó, sollozando.
Yo… yo sé que no es gracioso -respondí entre risas. ¿Por qué estoy haciendo esto?, me preguntaba. ¡Detente!
Me pasaba seguido; cuando a Sonia la golpeó una pelota de fútbol, cuando Joanne dejó caer su almuerzo, cuando la señora Schindler se tropezó con el pupitre de un alumno.
Entonces oraba. «Dios, ¡soy un desastre! A veces, ni siquiera puedo controlar mis reacciones. Te necesito».
Ahora sé que necesito a Dios cada día para que me ayude a hablar con sabiduría… y a guardar silencio cuando siento que no puedo evitar reírme.

