«Él me invocará, y yo le responderé; estaré con él en momentos de angustia; lo libraré y lo llenaré de honores»
Proverbios. 14:12
John vivió en una época de guerra. Se puso del lado de un grupo valiente de rebeldes que luchaban para mantener su estilo de vida contra un tirano malvado que gobernaba en el norte del país. John, un actor bien parecido y popular, llegó a ser parte de un plan audaz para secuestrar al tirano y lograr la victoria para los rebeldes.
Cuando la guerra se volvió en contra de la fuerza rebelde, John decidió valientemente matar al tirano en persona. Él justo actuaba en una obra a la que el gobernante asistió. Durante el intervalo, le disparó al hombre en su balcón privado y, luego, saltó al escenario, donde grito «Sic Semper tyrannis» frente a la audiencia del teatro. Salió a toda velocidad del edificio y escapó en un caballo veloz.
John pensó que era un héroe. «Nuestra causa estaba casi perdida; había que hacer algo decisivo y grande», escribió en su diario. «Yo ataqué osadamente».
Quizá ya hayas reconocido a John. Es posible que haya sido un héroe en su propia mente, pero es recordado en la historia como el asesino que terminó con la vida del gran presidente estadounidense Abraham Lincoln. La forma de vida que él quería proteger era la esclavitud, que John llamaba «una de las mayores bendiciones (tanto para ellos como para nosotros) que Dios ha brindado alguna vez a una nación favorecida».
John Wilkes Booth quizás haya sabido latín, pero no sabía diferenciar entre el bien y el mal. Este tipo de confusión puede ocurrirle a cualquiera que no estudia la Biblia. Como dijo el mismo presidente Lincoln sobre las Escrituras: «Sin este libro no sabríamos distinguir lo bueno de lo malo».

