«Cuando Elcana ofrecía el sacrificio, daba su ración correspondiente a Penina y a todos los hijos e hijas de ella, pero a Ana le daba una ración especial, porque la amaba mucho».
1 Samuel 1:4-5
-Queridos niños, iniciaremos hoy el libro 1 de Samuel -comenzó a hablar el padre—. El nombre lo lleva en honor al último juez de Israel, Samuel, que a la vez fue sacerdote y profeta. Se cree que los primeros veinticuatro capítulos fueron escritos por el mismo Samuel, y el resto, junto con el segundo libro de Samuel, por Natán y Gad. En este libro se registra la historia del nacimiento milagroso de Samuel, su servicio al pueblo, y el rechazo de las personas a seguir siendo dirigidas por Dios a través de jueces y profetas, ya que prefirieron ser como las demás naciones, que eran gobernadas por un rey.
-Ese primer sistema se llamaba teocracia, ¿verdad? —preguntó Susana.
-Sí, así se llamaba ese sistema de gobierno en el que Dios dirigía a su pueblo mediante profetas y jueces -respondió el padre—. Qué mejor gobernante podían desear los israelitas que Dios mismo, pero como hemos visto, fueron un pueblo rebelde que solamente cuando estaba en dificultades u oprimido por sus enemigos se acordaba de Dios.
-¡Qué paciente fue Dios con Israel! -comentó Mateo.
-No solamente con Israel -respondió el papá—, sino también con nosotros. Nos ama tanto que su amor y misericordia nos cubren cada día.
-Vale la pena que sea Dios quien nos guíe —afirmó Susana—, así es como nos irá bien.
-Eso siempre será lo mejor, como seguiremos viendo en la Palabra de Dios -concluyó el papá.
Tu oración:
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¿Sabías qué?
Originalmente, en los manuscritos hebreos el libro primero y segundo de Samuel eran uno solo.

