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«Cualquiera puede decir que es Dios, pero Jesús lo respaldó con una tumba vacía» – Lee Strobel

Matutina de Adolescentes

«-¿Por qué buscan ustedes entre los muertos al que vive? No está aquí; ¡ha resucitado!»

Lucas. 24:5, 6

-Capitán, mire este barco -dijo el timonel dándole un catalejo a David Morehouse-. No deja de cambiar de rumbo.

Estaban en la parte oriental del Atlántico, rumbo a Italia, en el invierno de 1872.

Cuando los barcos se acercaron un poco, el capitán vio que las velas estaban puestas de manera curiosa en el barco extraño, y no veía a nadie en la cubierta. Envió en un bote a su primer y segundo oficial a que investigaran. El nombre en la popa del barco de 30 metros de largo era Mary Celeste.

Al subir a bordo, notaron que las velas estaban en mal estado, y que había sogas andrajosas que caían por el costado. Llamaron mientras caminaban por la borda, pero no hubo respuesta.

La última anotación en el diario de a bordo era de hacía nueve días. El Mary Celeste se había alejado 650 kilómetros de su última ubicación registrada. Los botes salvavidas del barco no estaban, pero nunca se volvió a tener noticias de ningún tripulante. Su destino sigue siendo un misterio hasta el día de hoy.

Hay algo escalofriante en torno a un gran barco en medio del océano sin gente. ¿Alguna vez estuviste en un edificio grande que estuviese vacío? Hasta eso puede dar miedo; especialmente de noche.

Sin embargo, hay algo que da menos miedo cuando está vacío que cuando está ocupado: una tumba. Esta Pascua celebramos la tumba vacía que da testimonio de la resurrección de Jesús. Porque la tumba está vacía, tenemos la esperanza de la vida eterna. Y eso no tiene nada de espeluznante, ¿verdad?