«Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido, administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas formas”
1 Pedro. 4:10
Comenzó con un proyecto escolar. Katie Stagliano trajo a su casa un plantín de repollo de su clase de 3er grado. Lo plantó cerca de la casa, en un rincón del jardín. Cada día lo regaba. La planta de repollo creció. Katie fertilizaba la planta, que se hizo cada vez más grande. Y más grande. ¡Creció hasta llegar a ser un repollo monstruoso que pesaba 18 kilos!
Era evidente para todos que este era un repollo muy especial, y Katie quería hacer algo especial con él. Su mamá hizo unas llamadas telefónicas, y decidieron regalar el repollo a una cocina comunitaria local en North Charleston, Carolina del Sur
Katie recuerda lo que sucedió cuando ella y su familia aparecieron cargando la enorme hortaliza: «Cuando entré, vi una larga fila de gente esperando lo que quizá sería la única comida que consumiría ese día. Los que trabajaban allí y los que estaban comiendo fueron muy amigables y atentos. Mientras servía mi repollo y me agradecían por ayudar a alimentarlos, supe que podía y debía hacer más para ayudar».
Y eso es lo que hizo. Pidió ayuda en su colegio, y ellos donaron una parcela de tierra para una huerta. Toda la escuela participó, desde el jardín de infantes hasta la secundaria. Luego, creó los cultivos de Katie’s Krops para animar a otros niños a cultivar comida para donar a personas hambrientas. La última vez que contaron, había 83 huertas Katie’s Krops (del inglés crop: cultivo o cosecha).
«Mi hija verdaderamente me asombra», dice la mamá de Katie. «Las vidas que tocó. No creo que alguna vez llegue a saber dónde se termina eso».
Katie dice que su sueño es que no haya más gente que pase hambre. ¿Qué sueño tienes tú? No necesitas esperar ni un solo momento para comenzar a hacerlo realidad.

