«Yo soy el Señor su Dios. Si escuchan mi voz y hacen lo que yo considero justo, y si cumplen mis leyes y mandamientos, no traeré sobre ustedes ninguna de las enfermedades que traje sobre los egipcios. Yo soy el Señor, que les devuelve la salud»
Éxodo. 15:26
La hermana Ward era un poco rebelde. Esta enfermera estaba a cargo dela unidad de bebés prematuros en el hospital Rochford General de Essex, Inglaterra. Ella tenía esta idea de que el aire fresco y la luz solar eran buenos para los bebés que estaban a su cargo. Los días soleados, se llevaba a los niñitos al patio del hospital. Los médicos le decían que se comportaba de manera tonta.
Así que la hermana Ward se aseguraba de llevar a los bebés afuera solo cuando los médicos no estaban trabajando en su sector. Algunos de los bebés a su cargo estaban amarillos. Tenían una afección llamada ictericia, que surge cuando el hígado trabaja de manera lenta. En esa época, en la década de 1950, la ictericia podía causar daño cerebral y hasta la muerte. Que un bebé estuviera amarillo era causa de gran preocupación.
Un día, cuando estaba entrando a los bebés luego de su recreo secreto, ella notó algo inusual en uno de ellos y decidió llamar a los médicos para que lo revisaran. Les mostró que la piel del bebé tenía un color pálido normal, excepto por un triángulo amarillo.
Un médico le preguntó si había pintado la piel del bebé con yodo, un desinfectante. «No», dijo ella; y explicó que ese bebé era un paciente con ictericia. El típico color amarillo había desaparecido de la piel, excepto donde la esquina de la sábana había tapado al niñito. La luz solar estaba descomponiendo las toxinas que causaban la ictericia amarillenta.
La observación de la enfermera Ward llevó directamente al uso regular de la fototerapia para tratar la ictericia en bebés, y ha salvado a millones de bebés de esa afección dañina.
Por supuesto, ya ochenta años antes, los adventistas del séptimo día conocían las propiedades sanadoras de la luz solar. Nuestro mensaje de salud, dado mediante el Espíritu de Profecía, brinda pruebas de que Dios se preocupa por nosotros, y quiere que tengamos una vida completa y feliz.

