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“A veces tienes que dejar de desear unicornios, y concentrarte con narvales y rinocerontes». – Reagan McCain

Matutina de Adolescentes

«Y a Leviatán, ¿lo pescarás con un anzuelo? ¿Podrás atarle la lengua con una cuerda? […] ¿Quién puede abrirle el hocico, con su cerco de terribles dientes?»

Job 41:1-14, DHH

Hay un animal extraño que aparece en los escritos de Marco Polo, un europeo que viajó a China con su padre hace unos 750 años.

Al llegar a la provincia de Carajan, describió «serpientes enormes” [de 9 metros] de largo, y [2,5 metros] de circunferencia corporal. En la parte delantera, cerca de la cabeza, tenían dos patas cortas, con tres garras como de tigre; con ojos más grandes que [una hogaza de pan], muy penetrantes.

«La mandíbula es suficientemente grande para tragarse a un hombre, los dientes son grandes y afilados, y su apariencia general es tan formidable que ni el hombre ni ningún tipo de animal se les acerca sin terror. […] De día, por el gran calor, se esconde en cavernas desde donde se dispone a buscar su comida de noche; y cualquier bestia que encuentre y pueda atrapar, sea tigre, lobo, o cualquier otra, se la devora».

¿No te suena como que Marco Polo vio dragones? Pero, justo cuando te entusiasmas, puedes leer que uno de los traductores de Marco Polo dijo: «No hay dudas de que estas serpientes de Marco son cocodrilos, a pesar de sus errores extraños de que tengan solo dos patas y una garra en cada una, y su conocimiento imperfecto sobre sus hábitos acuáticos».

El traductor continuó planteando que los ojos de los cocodrilos realmente se ven muy grandes, y a veces son la única parte del animal queda sobre el agua cuando nadan.

Cocodrilos, ¿eh? Por supuesto, los cocodrilos son asombrosos, a su manera. ¿Sabías que pueden moverse a cuarenta kilómetros por hora en distancias cortas? Tienen glándulas que filtran la sal cuando están en agua salada. También tienen la mordida más poderosa de todos los animales: quince veces más poderosa que la de un Rottweiler.

Imagino que, en el mundo de Dios, hay suficientes maravillas incluso sin dragones. Aunque los dragones serían geniales, ¿verdad?