«Yo no convivo con los mentirosos, ni me junto con los hipócritas»
Salmo. 26:4
Cuando entró la llamada despavorida de que un simio se había escapado de su jaula en el zoológico, el veterinario tomó la pistola de tranquilizantes y salió corriendo. Un simio es una bestia poderosa, y el veterinario no quería imaginarse a cuántas personas podía destrozar si no llegaba a la escena a tiempo.
Al doblar en una esquina, el veterinario vio al gran animal peludo. Instintivamente, apuntó y disparó. Vio el dardo con tranquilizante clavarse en la pierna del animal. La situación al menos estaba bajo control. Y entonces… ¡el simio habló!
No era un simio real, sino un empleado del zoológico montando un escape simulado con el propósito de ayudar al personal a practicar rutinas de emergencia. Ahora el pánico comenzó de nuevo: llevaron de urgencia al empleado al hospital pues le habían administrado suficiente tranquilizante ¡como para dormir a un animal de doscientos kilos! Afortunadamente, se recuperó y volvió a su vida normal.
Las cosas no salen bien cuando aparentas ser alguien que no eres. Jacob y su madre se complotaron para obtener lo que Jacob quería y ella lo disfrazó para que se hiciera pasar su hermano velludo. «Luego sacó la mejor ropa de su hijo mayor Esaú, la cual tenía en casa, y con ella vistió a su hijo menor Jacob. Con la piel de los cabritos le cubrió los brazos y la parte lampiña del cuello» (Gén. 27:15, 16). Fingiendo ser su hermano, Jacob engañó a su padre ciego para que le diera la herencia y las bendiciones del primogénito.
Parecía una buena idea en ese momento, y Jacob logró lo que quería. Pero entonces, Esaú se enteró y las cosas se complicaron, pues amenazó con matar a Jacob. Este pensó que lo mejor sería huir de su hogar, y nunca más volvió a ver a sus padres.
Quizás algún día parezca que conseguirás lo que quieres si finges ser algo que no eres. En esa situación, espero que confíes en que Dios te ayudará a tener éxito tal como eres. Las cosas pueden salir mal si tratas de imitar a otro.

