Categories

Archivos

“Un hombre sabio confiesa su error; un tonto lo defiende”. – Doug Weiss

Matutina de Adolescentes

«Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja halla perdón»

Proverbios. 28:13

-¡Guerra de comida!

Las palabras interrumpieron repentinamente mi almuerzo en el comedor de la universidad. Miré a mis compañeras de habitación, que estaban sentadas a la mesa conmigo. Sus ojos mostraban confusión y un poquito de temor. A fin de cuentas, era nuestro primer año y no sabíamos que esperar durante una guerra de comida. Pronto lo descubrimos.

Los muchachos de una mesa comenzaron a arrojar comida de sus platos hacia otra mesa de muchachos. Estos respondieron con más comida. Mientras tanto, las graves voces coreaban: «¡Guerra de comida!¡Guerra de comida!» Pronto, más alumnos de todo el comedor se habían unido al caos. Yo miraba, mientras los puñados de puré de papas, arvejas y croquetas volaban sobre mi cabeza.

Y entonces sucedió. Una gran pelota de puré de papas aterrizó en mi blazer.

Mi blazer nuevo de lana. Mientras comenzaba a limpiar el desastre con una servilleta, escuché una voz detrás de mí que exclamaba:

-¡Lo siento tanto!

Allí había un muchacho con una pila de servilletas.

-Yo…. emmm… me parece que tengo mala puntería.

Miré su sonrisa amigable y compungida, y me suavicé.

-Está bien -susurré.

-Si me das tu blazer, lo llevaré a la tintorería -dijo.

Yo lo miré atónita.

-Quizá no quieras confiármelo -se rio-. Pero prometo devolvértelo limpio.

Yo no lo podía creer, pero él extendía su mano sinceramente. Así que me quité el blazer y se lo di. Él anotó mi nombre y mi número de habitación, y desapareció.

Unos días después, mi blazer me estaba esperando en la recepción del hogar de señoritas. Colgaba de una percha de tintorería y se veía como nuevo… nada de puré de papas ni salsa chorreada en el frente.

No, no me casé con ese muchacho; ni siquiera tuve una cita con él. Pero ¡habría aceptado si me lo hubiera pedido! Quedé muy impresionada por la forma en que asumió su responsabilidad.

Sí, todos cometemos errores accidentales. Ya veces, nuestro desastre termina sobre una persona inocente. La pregunta es: ¿Limpiamos lo que ensuciamos?