«Jesús lo miró con cariño, y le contestó: «Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres. Así tendrás riqueza en el cielo. Luego ven y sígueme»».
Marcos 10:21
-Jesús iba caminando con sus discípulos -inició la mamá el culto-, cuando llegó corriendo un joven, se postró a sus pies y le preguntó qué necesitaba hacer para tener la vida eterna. Era un joven rico y tenía un cargo de responsabilidad importante; había visto como Jesús bendecía a los niños, y eso tocó su corazón, por eso se acercó a Jesús.
-Era rico y le preocupaba tener la vida eterna, qué bien-comentó Susana.
-Sí -afirmó la mamá—. Jesús le repitió los Mandamientos, pero el joven le dijo que desde siempre los conocía y los había guardado. Jesús le volvió hablar y le dijo que vendiera todo lo que tenía, se lo diera a los pobres y lo siguiera. Jesús aceptaba a todos los que iban a él, y desde que vio a ese joven lo amo, le interesaba salvarlo.
Conocía sus luchas, sabía que deseaba seguirle, y si aceptaba hacer lo que le pedía, podría llegar a ser uno de sus discípulos. En el corazón del joven había una lucha sobre qué elegir; lamentablemente, amaba más la gloria terrenal que la celestial.
Al escuchar lo que Jesús le dijo, rechazó la invitación porque no quiso renunciar a todo lo que tenía. Al suceder eso, Jesús comentó con tristeza que difícilmente los ricos entrarían en el reino de los cielos.
-¿Ahí fue cuando Jesús dijo que era más fácil que entrara un camello por el ojo de una aguja que un rico en el cielo? —preguntó Susana.
-Sí, fue en esa ocasión. Por cierto, llamó mucho la atención de los discípulos que Jesús dijera eso. Las riquezas han sido dadas a los hombres para que compartan y ayuden a los que menos tienen -concluyó la mamá.
Tu oración:
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¿Sabías qué?
En el Antiguo Testamento también hay algunas parábolas.

