«Ni tú ni tus hijos debéis beber vino ni licor…»
Levítico 10:9, NVI
Después de pasar algunos días de vacaciones en casa de sus abuelos, Tomás regresó preocupado. Tenía algo muy triste que contarle a sus padres. A veces, el abuelo se ponía muy agresivo. Además, se le ponían los ojos rojos y caminaba con dificultad, incluso se caía constantemente.
Tomás había descubierto que eso sucedía cuando el abuelo iba muchas veces a la cocina para beber un líquido rojo.
-¿Qué le sucede al abuelo? -preguntó el niño.
Los padres decidieron hablar inmediatamente con el abuelo y con el médico, pues es muy peligroso ingerir bebidas alcohólicas.
¿Y yo?
El vino hace mucho daño a las personas. Tú debes avisarles, aunque ya sean adultos.
Mi oración para hoy
Señor, muchas gracias por las bebidas saludables, como el agua y los zumos naturales.

