Categories

Archivos

Consolados

«Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, a la iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos que están en toda Acaya: Gracia y paz a vosotros de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesucristo»

2 Corintios 1:1, 2

EN LA PRIMERA CARTA a los Corintios, Pablo es objetivo y práctico. En esta segunda Epístola, es subjetivo y personal. En el primer capítulo, nos enseña valiosas lecciones:

  1. Dios nos conforta y asiste en los desafíos y tribulaciones con el propósito de que tengamos la sensibilidad de auxiliar a quienes pasan por tribulación (vers. 1-6).
  2. Nadie está libre de enfrentar desafíos y problemas (vers. 7-11).
  3. Lo esencial es vivir con sinceridad y sencillez ante Dios (vers. 12).
  4. Lo que nos sostiene en los momentos de prueba y desafío es la fe en Dios. Por eso, nuestra fe tiene que fortalecerse en los momentos de calma (vers. 24).

Dios es «Padre de misericordias y Dios de toda consolación» (vers. 3). En toda tribulación, angustia, apremio y dificultad. «Consolar» es más que aliviar, fortalecer, acompañar: significa “Dios al lado de nosotros».

Limitado por su humanidad, Jesús no podía estar en todo lugar al mismo tiempo, por eso envió a otro Consolador», al Espíritu Santo, para que esté con nosotros para siempre» (Juan 14:16).

El apóstol señala que el objetivo de nuestra consolación es consolar a los que están en cualquier tribulación (vers. 4). Es decir: Somos consolados para consolar, y siempre con propósito misionero.

Dios puede salvarnos del horno de fuego o acompañarnos en él. Este fue el caso de Francés Ridley Havergal, que nació en Inglaterra en 1836. Su padre fue evangelista y compositor de himnos. Francés no gozó de buena salud a lo largo de su vida, marcada por una constante debilidad física. Pero Dios le dio una mente muy brillante.

A los cuatro años aprendió a leer, a los siete años compuso sus primeros poemas y memorizó largos pasajes de la Biblia. Luego, aprendió siete idiomas, incluidos el griego y el hebreo. A los once años perdió a su madre.

Sobre la Francés fue la compositora del himno que dice: «Que mi vida entera esté consagrada a ti Señor.
Toma ¡oh Dios! mi voluntad y hazla tuya, nada más”.

Murió con tan solo 42 años: una vida corta, pero fructífera, confiada y dependiente del Señor. Las aflicciones del justo pueden ser muchas, 2010 pero de todas nos librará el Señor. El promete su consuelo. Confiemos y dependamos de él.

Bruno Raso es un líder de destacada trayectoria, que ha servido como pastor distrital, administrador, evangelista y orador del programa "Reavivados por su Palabra". Actualmente se desempeña como vicepresidente de la División Sudamericana.