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Faltantes por abundantes

«Pero tenemos este tesoro en vasos de barro para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros»

2 Corintios 4:7

PABLO PRESENTA el evangelio por medio de contrastes: un precioso tesoro colocado en vasos de barro, tan frágiles como lo son nuestras vidas. Veamos algunos de ellos:

  • Tinieblas y luz (Rom. 2:19; 13:12; 2 Cor. 6:14; Efe. 5:8; 1 Tes. 5:5). En el principio, en medio de la oscuridad, Dios creó la luz. Luego, cuando las tinieblas espirituales cubrían la tierra, recibimos a Jesús, la Luz del mundo.
  • Barro y tesoro (Rom. 9:20, 21; 2 Cor. 4:7; 2 Tim. 2:19-21; Col 2:2, 3). Las vasijas de barro eran frágiles y de poco valor; pero el tesoro del evangelio es relevante y eterno. El plan de Dios fue que el barro llevara ese inconmensurable evangelio.
  • Muerte y vida (Rom. 5:10, 17, 21; 6:4, 23; 8:2; 7:18; 8:2, 6, 38; 1 Cor. 3:22; 2 Cor. 2:16; 4:10-12; Fil. 2:20; 2 Tim. 1:10). Nuestro cuerpo tiene los estigmas del pecado. Desde que nacemos comenzamos a morir, pero el Señor vino para disponer, por su gracia recibida por la fe, vida presente y eterna.
  • Hombre exterior y hombre interior (Rom. 2:28, 29; 2 Cor. 4:16; Efe. 3:15-17). El cuerpo se va desgastando con el paso y el peso del tiempo. Ahora bien, el interior se renueva día a día en las promesas de Dios.) ante de «Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria» (2 Cor. 4:17).
  • Visible e invisible (Rom. 1:20; Col. 1:16). Lo que se ve es limitado y con fecha de vencimiento. Lo que no se ve, ilimitado e imperecedero. La buena noticia del evangelio es que el tesoro le ganó al barro, la luz venció a las tinieblas, la vida se impone sobre la muerte y el hombre interior se proyecta por encima del hombre exterior.

Lo invisible tiene trascendencia y relevancia por encima de lo visible, ya que lo temporal acaba, pero lo eterno permanece. Un niño de poco más de diez añitos llamó a nuestra casa aquella tarde. Salí para atenderlo. Me pidió agua.

Pensé que era para tomar, pero en realidad la quería para limpiar las lunas de los autos en la esquina y transformar su trabajo en monedas para comprar comida y medicinas para su madre y sus hermanitas.

Fui dándole todo lo que necesitaba, que en realidad era más que el agua. No tenía balde, ni jabón, ni cepillo… Le faltaba todo. Nunca olvidaré aquella carita sucia y aquellos ojitos tristes.

Cuántos, como aquel muchachito, caminan por la vida sufriendo sus faltantes de trabajo, salud, familia, perdón, fe, esperanza… En breve Dios trasformará los faltantes del pecado en los dones abundantes de la eternidad; de los cuales puedes apropiarte desde ahora. Para mí, para ti, ¡para compartirlos! Caminemos pues, no con los ojos puestos en el suelo, sino con la vista puesta en el cielo.

Bruno Raso es un líder de destacada trayectoria, que ha servido como pastor distrital, administrador, evangelista y orador del programa "Reavivados por su Palabra". Actualmente se desempeña como vicepresidente de la División Sudamericana.