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Religiosos en ropa de trabajo

«Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios»

2 Corintios 7:1

EN 2 CORINTIOS 7, el apóstol Pablo alienta a la iglesia a la pureza y al afecto. Reconoce que él mismo está pasando por tribulaciones, pero se siente confortado en las aflicciones. Pablo menciona dos factores que lo ayudaron a enfrentar las propias aflicciones: la llegada del amigo Tito y el afecto de la iglesia. Pablo también demuestra satisfacción porque los corintios fueron gentiles y afables con su amigo y colaborador Tito. El capítulo termina con hermosas palabras: “Me alegro de poder confiar plenamente en ustedes!» (vers. 16, DHH).

La disposición del apóstol se destaca: a pesar de las pruebas, él ve todo con gozo, fortalece sus vínculos con los hermanos en la fe, confia en ellos y pone el acento en una religión llevada a la práctica. Cuando Jesús quiso resaltar esto mismo, contó la parábola del buen samaritano. Tanto el sacerdote como el levita, representantes del estamento «religioso» conforme a las costumbres, llevaban en su muñeca o cuello colgando un pergamino de cuero con la esencia o lema de su religión: «Amarás a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo».

El problema es que no tenían este mensaje grabado en el corazón ni en la vida práctica. Sorprendentemente, un samaritano, que no tenía el cartel de religioso, fue el ver-
daderamente religioso. Hagamos una simple aplicación de esta parábola adaptada a nuestros días. Una persona descendía de la capital a un suburbio marginal, y a la salida de la ciudad cayó en manos de unos ladrones, los cuales lo despojaron de todo lo que tenía, y lo dejaron malherido dándolo por muerto.

Poco tiempo después, pasó el dirigente de una respetada iglesia, pero no se detuvo; tenia urgentes asuntos teológicos que atender. En minutos, otro prestigioso religioso llega, mira de reojo y sigue su camino; asuntos administrativos y ceremoniales importantes lo aguardaban. Finalmente, se aproxima un hombre común, que no está vestido
de religioso, no parece ser instruido ni disponer de recursos…

Pero él se detiene, se interesa, le brinda los primeros auxilios, pone a disposición lo que tiene a mano y lo lleva a los un centro médico, pagando los gastos de recuperación. Necesitamos más religiosos en ropa de trabajo. La verdadera religión no se mide por cuánto conocemos de la Biblia o cuántas ceremonias practicamos.

La verdadera religión se percibe en cuánto amamos y servimos logo a nuestro prójimo.

Bruno Raso es un líder de destacada trayectoria, que ha servido como pastor distrital, administrador, evangelista y orador del programa "Reavivados por su Palabra". Actualmente se desempeña como vicepresidente de la División Sudamericana.