«El os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados»
Efesios 2:1
Efesios 2 es un capítulo impresionante; más aun recordando que fue escrito desde la prisión. Sin quejas ni lamentaciones escribió palabras de esperanza y de ánimo. En él, seis verdades profundas destacan el amor de Dios por nosotros:
- En el pasado, sin Dios, vivíamos lejos de él, y «éramos por naturaleza hijos de ira» (vers. 2, 3), sin esperanza y sin rumbo. Estábamos espiritualmente muertos (vers. 5).
- Dios nos ha encontrado y nos ha dado vida en Cristo. Perdonó nuestros pecados a causa de su inmenso amor y no por nuestros méritos (vers. 4,5).
- Somos salvos por la gracia, como don de Dios. De tal forma que nadie debe creer que tiene algún mérito en la salvación (vers. 5-9).
- Porque somos salvos «vivamos haciendo el bien, lo cual Dios ya había planeado desde antes» (vers. 10, TLA).
- No somos más extranjeros, sino ciudadanos del reino de Dios, miembros de la familia celestial (vers. 11-19).
- Todo eso solo es posible porque Cristo es nuestra única y suficiente Roca de la salvación (vers. 20-22).
Se cuenta que Lutero en su búsqueda de la paz caminaba un día por el bosque, cuando estalló una espantosa tormenta, con rayos, vientos y torrencial lluvia. Pensando que iba a morir hizo un voto a Dios: «Si me salvas seré sacerdote»
Al terminar la oración el cielo se despejó. Conforme a su promesa entró a un monasterio y se convirtió en sacerdote. Ayuno, oro y se flageló con azotes. Pero no encontró la paz.
Una noche aprendió que el único camino era Jesús. Leyó que Dios nos ama y que dio a su Hijo y que si confesamos los pecados él nos perdona. Tuvo un sueño espantoso.
Satanás le mostró una lista con todos sus pecados: mentiras, codicias, engaños, falta de honradez y enojos. Entonces, el diablo le dijo: «La Biblia dice que la paga del pecado es la muerte. Por eso, estás condenado a muerte».
Lleno de culpabilidad y angustia, Lutero vio que Satanás apretaba con sus manos un pergamino. “En el nombre de Cristo, quita de ahí las manos», grito Lutero. Al soltarlo, vio que tenía escrito: «La sangre de Jesucristo limpia a Martin Lutero de todo pecado»
Como a Pablo, a los gentiles, a Lutero o a nosotros el enemigo nos acusa, pero nadie necesita seguir muerto. Dios es el único que puede organizar una fiesta en un cementerio y resucitarnos de la muerte a una vida para siempre.

