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El martillo y la fiesta de Janucá – 2a parte

“Otros murieron en el tormento, sin aceptar ser liberados, a fin de resucitar a una vida mejor”

Hebreos 11:35

El rey sirio no logró quebrantar la voluntad de los siete hermanos, que se aferraron a su fe en Dios y a la promesa divina de la resurrección. Cuando todos murieron, el rey ordenó también la ejecución de la madre (Hebreos 11:35 tal vez hace referencia a esta historia).

La persecución religiosa se extendió por toda la tierra. Cuando las tropas sirias llegaron a la aldea de Modein y obligaron a sus habitantes a sacrificar un cerdo y comerlo, un sacerdote local llamado Matatías huyó al desierto junto con sus hijos Judas, Jonatán y Simón, que comenzaron una revuelta.

Las autoridades sirias pensaron que podrían aplacar rápidamente la rebelión. Muy confiadamente, un general sirio tras otro se dispusieron a acabar con el pequeño ejército de Judas, solo para terminar derrotado en una emboscada asombrosa o una incursión sorpresa. Cuando el pueblo de Palestina vio que Judas podía derrotar incluso a las poderosas fuerzas sirias, se unieron a él y a sus hermanos en la primera guerra por libertad religiosa. Aún hoy, los mejores estrategas militares admiran las efectivas tácticas empleadas por Judas contra un ejército enemigo muy superior.

Finalmente, los sirios procuraron una tregua con los macabeos, nombre con el se conoció al ejército liderado por Judas (macabeo significa “martillo”, y aparentemente hace referencia a la forma en que Judas atacaba repetidamente al ejército sirio). Pero los hermanos querían la independencia completa, además de libertad religiosa. Con el tiempo, conquistaron territorios adicionales y establecieron una nación judía independiente que se mantuvo hasta la dominación romana en el año 63 a.C.

La Fiesta de la Dedicación, o Janucá, conmemora la rededicación del Templo de Jerusalén. Los seléucidas lo habían profanado construyendo un altar a Zeus y sacrificando cerdos en él. Cuenta la tradición que los judíos tenían poca provisión de aceite sagrado para las lámparas del Templo, suficiente quizá para un solo día. Pero las lámparas se mantuvieron encendidas durante ocho días, hasta que lograron producir más aceite. Por eso, la fiesta de Janucá también se conoce como el Festival de las Luces.

Si los macabeos no se hubieran enfrentado a los seléucidas, los sirios habrían destruido al pueblo judío, su religión y su Templo, en su intento por imponer la cultura y la religión griega en todo el imperio.

Dios dirigió todo para que Jesús, la verdadera luz del mundo, pudiera venir como Mesías y enseñar en el Templo de Jerusalén.

Tompaul Wheleer tiene un máster en Cinematografía y es director de películas y documentales cristianos. Vive en Tennessee, Estados Unidos.