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La tierra nueva

“Niños y niñas llenarán las plazas de la ciudad y jugarán en ellas”

Zacarías 8:5

Mi amiga Audrey se quita los zapatos y comienza a corretear sobre el césped de la casa de mis padres. Acaba de anochecer, así que ajusto la abertura del lente de mi cámara y sigo tomando fotos. Logré captar hermosas imágenes que denotan la alegría de Audrey experimentando momentos de libertad.

Dos años más tarde, mi sobrina de seis años se aferra con fuerza a mi brazo mientras la hago girar, girar y girar alrededor del patio. Larissa grita de alegría cuando finalmente caemos al suelo. Entonces, su hermano de tres años salta y anuncia felizmente: “¡Mi turno!” Cuando recupero suficiente equilibrio como para ponerme de pie, levanto a Xander y lo hago girar una y otra vez. La cara de los niños con los ojos entrecerrados y la boca abierta denota felicidad pura. Cómo me gustaría poder atrapar el momento en un frasco, como si fuera una luciérnaga, y aferrarme a él por la eternidad.

¡Ah, la eternidad! Nos sentimos atrapados en este planeta, en medio del barro y el lodo de la vida cotidiana. La libertad creativa de una existencia completamente nueva, sin estrés, sin dolor, sin murmuraciones, política, veneno ni todo lo que nos hiere y nos divide, parece tan distante como las luminarias que brillan a años luz de distancia en el cielo nocturno. Sin embargo, algún día viajaremos más allá de esas estrellas, entre las nebulosas, sumergiéndonos en las aguas profundas de los agujeros negros, salpicando toda la luz que supuestamente no podría escapar de su densidad.

¡Ah, la eternidad! No será solo pasear sobre jirafas y abrazar hipopótamos. Serán nuevos descubrimientos ilimitados, nuevas habilidades y mejores relaciones. Nos deleitaremos con nuestros pasatiempos favoritos, apreciaremos nuestras amistades y sentiremos que nuestra mente se expandirá infinitamente a medida que asimilamos ideas complejas con las que nunca podríamos siquiera soñar en nuestra existencia actual.

¡Ah, la eternidad! Será convertirnos en todo lo que se supone que debíamos ser. Será una vida sin excusas para el aburrimiento, el malestar o la improductividad. Y finalmente, será una vida sin las máscaras que nublan y oscurecen nuestra visión de Dios.

¿Cómo será conocer a Dios? ¿Alguna vez dejaremos de sorprendernos con cada nueva faceta que descubramos de él? ¿Cuántos matices le encontraremos: un rey cósmico, un inventor, una madre cariñosa, un hermano que hace cosquillas, una belleza deslumbrante, un juez misericordioso, un niño que sonríe? Quién sabe… Lo que sí sé es que es puro amor.

Tompaul Wheleer tiene un máster en Cinematografía y es director de películas y documentales cristianos. Vive en Tennessee, Estados Unidos.