Versículo para hoy:
«[…] las lagartijas, que caben en un puño y llegan hasta el palacio del rey».
Proverbios 30:28
-¡MAMÁ! ¡Mamá! ¡Hay una lagartija rara en el piso! -exclamó Edy mientras se acercaba a ella con mucha curiosidad. Se agachó por un instante, recogió un palito y comenzó a picarla.
Al hacerlo, esta se movía. En una de esas veces, la lagartija se dividió en dos partes: el cuerpo, que salió corriendo, y la cola que quedó en el lugar. Edy estaba sorprendido de ver ese fenómeno.
Una grandiosa idea se apoderó de él; ahora picaría la colita de la lagartija. Cuando estaba tan entretenido con la colita de la lagartija, la mamá llegó
-¿Por qué se sigue moviendo la cola de la lagartija, mamá, si ya se desprendió del cuerpo?
-Porque la lagartija tiene unos sensores en su colita que le permiten moverse. Por eso, si la picas, ella reacciona moviéndose hacia cualquier dirección; incluso puede saltar.
-¿Y por qué se desprende la cola del cuerpo? —preguntó Edy.
-Eso le ayuda a escaparse de algún animal que la quiera comer –respondió la mamá.
-Estoy muy triste, mami, porque la lagartija se quedará sin cola.
-No, Edy. Jesús le dio a la lagartija una habilidad especial de regenerarse; es decir, su cuerpo puede hacer que le salga una colita nueva.
Nosotros, al igual que la lagartija, podemos cambiar y ser diferentes. Cuando hablamos con Jesús cada día, él hace que nuestra conducta sea buena.
Oremos: «Querido Jesús, ayúdanos a ser diferentes y que cada día podamos ser como tú. Amén».

