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Desastre en el Transbordador Espacial

Devocional adventista para adoslescentes 2022

Cuando contemplo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que allí fijaste, me pregunto: «¿Qué es el hombre, para que en el pienses? ¿Qué es el ser humano, para que lo tomes en cuenta?»

Salmos 8: 3, 4, NVI

Un día como hoy, en 1986, el transbordador espacial Challenger explotó a los 74 segundos de su despegue y cayó en llamas frente a la costa de Florida.

Fue el peor desastre espacial de la historia. Murieron seis astronautas a bordo: Michael Smith, Ronald McNair, Francis Scobee, Ellison Onizuka, Gregory Jarvis y Judith Resnik. Christa McAuliffe, una profesora de Nueva Hampshire, también estaba a bordo, ya que había ganado un concurso para convertirse en la primera ciudadana común en volar al espacio. La mañana del lanzamiento había sido fría, tanto que las juntas tóricas de los propulsores de combustible sólido del transbordador se rompieron, y eso permitió la salida de gases explosivos.

Qué tragedia para la tripulación y sus familias, y qué tragedia para el programa espacial. Ya es bastante difícil recaudar el dinero necesario para financiar la investigación y la exploración del espacio, pero un desastre como este podría haber sido suficiente para paralizarlo e incluso cerrarlo definitivamente. Algunos pensaron que la tragedia era el resultado de ignorar lo obvio: estamos destinados a vivir en la Tierra y no en el espacio exterior.

Según ellos, si se amplían los límites de la exploración espacial, solo se pueden producir más desastres como el de 1986. Pero prevalecieron las personas con pensamientos opuestos a este punto de vista y, tras un tiempo de luto, el programa espacial de los Estados Unidos volvió a ponerse en marcha. La mayoría llegamos a creer que las vidas de esas queridas personas no se sacrificaron en vano. Desde entonces, la NASA ha lanzado un total de 116 misiones exitosas del transbordador espacial.

Dios amaba a cada uno de esos astronautas. Se acordó de ellos, como dijo David, y se acuerda de nosotros, sin importar la cantidad de cosas malas que nos pasen. Un día muy cercano nos llevará a todos en un viaje por el espacio, pasando por estrellas brillantes y planetas anillados, hasta nuestro hogar celestial. Cuando los desechos espaciales, el polvo lunar y los cometas pasen por delante de nosotros, no tendremos que preocuparnos ni un poco por las juntas tóricas agrietadas, los pernos sueltos o los cables defectuosos.

Ni siquiera necesitaremos trajes espaciales con suministro de oxígeno. Volaremos con el Creador del universo, el Iniciador de la vida. El mismo Creador que nos guiará a través de las constelaciones está atento a ti en este día, en este instante. Está pensando en ti. Aunque ahora no puedas verlo, una gran sonrisa se dibuja en su rostro al darse cuenta de que tú también piensas en él.

Bradley Booth ha enseñado en escuelas adventistas de los Estados Unidos, África, Rusia y Tailandia. Actualmente es el director de The Story Tellers Ministry, que ayuda a enseñar el arte de escribir historias antiguas que siguen siendo importantes hoy. La oración del Dr. Booth es que sus libros inspiren a los lectores a mantenerse de parte de Jesús tanto en los buenos como en los malos tiempos.