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¡Gracias!

Devocional adventista para adultos 2022

Todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Colosenses 3: 17

¿CONOCES A ALGUNA PERSONA QUE NUNCA DICE «GRACIAS»? En su libro I Heard the Owl Call My Name (Escuché al búho decir mi nombre), Margaret Craven menciona el caso, no de una persona, sino de todo un pueblo, que no dice «Gracias». Se trata de los indígenas Kwakiutl, en la costa noroeste del Pacífico.

Cuando Mark, un joven misionero, fue enviado a servir en ese territorio, fue advertido al respecto: «Hay algo que debes entender –le dijeron—: ellos no te van a dar las gracias. La palabra «Gracias» no existe en su idioma.*

Durante el transcurso de su ministerio, Mark se dio cuenta de que los Kwakiutl eran muy generosos. ¿Cómo podía ser que no supieran decir «Gracias»? En su momento supo el porqué. Cada vez que alguien era objeto de un acto de bondad, esa persona a su vez lo retornaba con otro acto de bondad. Por cada favor, los Kwakiutl respondían con otro favor, en ocasiones superior al que habían recibido. O sea, demostraban su gratitud, no con palabras, sino con hechos.

Curiosamente, la costumbre de los Kwakiutl armoniza con la manera como el Diccionario de la Real Academia Española define «gratitud»: «Sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o ha querido hacer, y a corresponder a él de alguna manera». Es decir, por un lado, la persona agradecida reconoce que ha sido objeto de un acto de bondad; por el otro, corresponde a ese favor de alguna manera.

¿Cuán agradecido eres? ¿Cuán agradecido soy? Es muy fácil saberlo. En primer lugar, pensemos, por un momento, en las bendiciones que a diario recibimos. ¿Hay pan en nuestra mesa? ¿Hay un techo que nos cobije? ¿Tenemos un trabajo que nos provea el sustento? ¿Una familia que nos quiere? ¿Buenos amigos? ¿Un Padre celestial que nos ama entrañablemente? La lista es interminable.

Ahora la segunda parte: ¿Cuán a menudo expresamos nuestra gratitud por estas bendiciones? Pues, ¿sabes qué? ¡Este es un buen momento para hacerlo! Primeramente, comencemos el día dando gracias a Dios por lo mucho que nos ama, y porque nada nos falta. En segundo lugar, resolvamos hoy decir «Gracias» a alguien —el cónyuge, un hijo, un amigo o amiga, a la manera de los indigenas Kwakiutl; es decir, haciendo algo bueno por esa persona.

¿Puedes pensar en alguien a quien puedas agradecer hoy? ¿Qué podrías hacer por esa persona, o que podrías decirle, que le muestre tu agradecimiento?

¡Gracias, Señor, porque nada me falta, y por tantas personas buenas a mi alrededor!

*Margaret Craven, 1 Heard the Owl Call My Name, Dell Publishing, 1973, p. 20.

Fernando Zabala, ya jubilado, ha servido como profesor, pastor, rector universitario, conferencista, editor y exdirector de la revista "Prioridades", además de ser el autor de varios libros, entre los que se destacan "Todo no da igual, A pesar de nuestras diferencias, me casaría de nuevo contigo y Saber vivir". Fernando Zabala está casado con Esther y juntos tienen dos hijos: Fernando Jr. y Mayerling; y tres nietas: Alexa, Amber y Annabella.