Categories

Archivos

Cerrar Las Puertas de la Iglesia

Devocional adventista para adoslescentes 2022

Mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios que habitar donde reside la maldad.

Salmos 84: 10, RV95

El 3 de mayo de 1675 se aprobó una ley en Massachusetts, Estados Unidos, que requería que las puertas de las iglesias estuvieran cerradas con llave durante el servicio de adoración. ¿Por qué? Porque los servicios eran tan largos que la gente se iba antes de que terminaran.

Los servicios eran demasiado largos, sin duda, pero ¿es posible también que los sermones fueran un poco aburridos? No solo estabas atrapado en el edificio durante un sermón largo y aburrido, sino que, si intentabas escapar de él con una siestecita y cabeceabas, un diácono se dirigía a tu banco con un palo largo y te golpeaba en la cabeza.

La forma de celebrar el culto siempre ha sido un problema para los cristianos. En algunos lugares, como en el Boston de 1675, se castigaba a la gente si intentaba irse del templo. En otros, se los castigaba por leer la Biblia. En algunas culturas se ha ordenado a las mujeres que guarden silencio durante los servicios. Se ha dicho a la gente qué tipo de ropa debe llevar y qué no debe llevar.

Se les ha pedido que lleven la cabeza cubierta, que no lleven sombrero, que oren arrodillados, que oren de pie, que miren al cielo cuando oren, que inclinen la cabeza, que griten amenes y que oren en la reverencia del silencio. Es confuso, ¿verdad? Puede que no todos estemos de acuerdo en cómo adoramos, pero deberíamos tener muy claro a quién adoramos, y que Dios quiere que seamos humildes al respecto.

En la época de Jesús, a la gente le gustaba ir a la iglesia y lucirse con todas sus galas. Les gustaba orar en voz alta y presumir de todas las cosas buenas que hacían. Se preocupaban por mantener sus caras largas para que todos supieran que estaban ayunando y sufriendo por Dios. Les gustaba entrar con bolsas de monedas y verterlas lentamente en las cajas metálicas de las ofrendas para que todos los que estaban cerca supieran cuánto estaban dando. Y algunas personas gastaban enormes sumas de dinero para adornar sus templos y sinagogas, para poder asegurarse un lugar en el cielo.

A Jesús le gusta encontrarse contigo en la iglesia cada sábado, pero no espera que vayas al templo más espectacular llevando la ropa más fina y trayendo el mayor donativo de todos. Simplemente entrégale tu corazón en humilde adoración y alábalo mientras estás allí. Eso es todo lo que él pide. Después de todo, la iglesia se trata de él, y nuestra adoración es simplemente una respuesta sincera a Aquel que nos amó primero.

Bradley Booth ha enseñado en escuelas adventistas de los Estados Unidos, África, Rusia y Tailandia. Actualmente es el director de The Story Tellers Ministry, que ayuda a enseñar el arte de escribir historias antiguas que siguen siendo importantes hoy. La oración del Dr. Booth es que sus libros inspiren a los lectores a mantenerse de parte de Jesús tanto en los buenos como en los malos tiempos.