Versículo para hoy:
Llámame y te responderé.
Jeremías 33: 3
AYER TE COMENCÉ a contar la historia de Ismael y de Agar, quienes tuvieron mucha sed en el desierto, pues se les había acabado el agua. Agar dejó a su hijo bajo un arbusto y se alejó de él, para no verlo morir de sed. Ismael perdió el conocimiento y comenzó a sollozar.
Dios escuchó que Ismael lloraba. Entonces le dijo a Agar que no temiera y que levantara a su hijo, porque haría de él una gran nación. Dios hizo que Agar tuviera una visión clara y viera que había una fuente de agua cerca de ella. Por lo tanto, llenó el odre con agua y se lo dio a su hijo para que bebiera. Ismael se repuso. Dios lo protegió al crecer en el desierto y también cumplió la promesa que le había hecho a Agar: que haría de su hijo una gran nación.
Amiguito, a veces pasa que en nuestra desesperación no podemos ver las cosas de manera clara, como le pasó a Agar con la fuente de agua. Nos enfocamos en lo que queremos, en nuestra necesidad, en nuestro coraje o en nuestro miedo, cuando la solución la tenemos cerca de nosotros.
Jesús, como nuestro mejor amigo, está siempre cerca de nosotros para auxiliarnos en cualquier momento. Él escucha cuando lloramos o nos sentimos mal. ¡Nunca olvides llamarlo!
Oración: Gracias, Jesús, porque siempre corres para ayudarme. Amén.

