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Concesión Ferroviaria

Devocional adventista para adoslescentes 2022

No dejen que el sabio se jacte de su sabiduría, o el poderoso, de su poder, o el rico, de sus riquezas.

Jeremías 9:23, NTV

¿Has jugado alguna vez al Monopoly? Algunas de las mejores propiedades en i el Monopoly son los ferrocarriles: el Reading, Pensilvania, B&O y Short Line.

Bueno, por supuesto que el Monopoly es solo un juego de mesa, pero los ferrocarriles en los tiempos del Viejo Oeste eran reales.

En aquella época, la única forma de desplazarse era en carreta, calesa o carruaje, todos ellos impulsados por bueyes y caballos, por supuesto. El transporte público por los ríos se realizaba en barcos de vapor, y en tierra los carruajes eran la moda. Pero fueron los ferrocarriles los que tuvieron éxito.

Los kilómetros de traviesas y los carriles de acero se adentraban cada año en nuevos territorios, y tal vez fuera porque recibieron ayuda. El 20 de septiembre de 1850, el presidente Millard Fillmore firmó la primera ley federal de concesión de tierras para el ferrocarril. Esta subvención de tierras, por valor de 10,000 kilómetros cuadrados [2.5 millones de acres], fue diseñada para animar a las compañías ferroviarias a construir ferrocarriles en el Oeste. Los terrenos para los ferrocarriles abarcaban varios estados.

Funcionaba así: el gobierno concedió a las compañías ferroviarias secciones enteras de tierra a través de los estados del oeste, para que avanzaran hacia la conquista de la frontera. Funcionó bien para los grandes ferrocarriles, pero los pequeños agricultores empezaron a sufrir por ello. Los ferrocarriles tenían todo el poder porque poseían el monopolio del transporte de la época.

Cuando los granjeros y ganaderos querían enviar su grano y su ganado al mercado del este, tenían que pagar. Los ferrocarriles podían cobrar el precio que quisieran, y si los granjeros no podían pagarlo, mala suerte. A finales de siglo, los ferrocarriles eran una de las empresas más poderosas de los Estados Unidos. Cuando Theodore Roosevelt llegó a ser presidente, se propuso acabar con los monopolios ferroviarios y tuvo éxito.

A veces, incluso hoy, parece que los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres. Y eso parece tener sentido: se necesita dinero para hacer dinero. Pero, aunque tengamos dinero, no debemos presumir de él, y debemos utilizarlo con sabiduría. Dios es el que nos da todas nuestras bendiciones. Si abusamos o hacemos mal uso de estas bendiciones, no damos buen testimonio de Dios (y, además, podemos perderlas).

Bradley Booth ha enseñado en escuelas adventistas de los Estados Unidos, África, Rusia y Tailandia. Actualmente es el director de The Story Tellers Ministry, que ayuda a enseñar el arte de escribir historias antiguas que siguen siendo importantes hoy. La oración del Dr. Booth es que sus libros inspiren a los lectores a mantenerse de parte de Jesús tanto en los buenos como en los malos tiempos.