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Livingstone Vuelve a Inglaterra

Devocional adventista para adoslescentes 2022

Id y haced discípulos a todas las naciones […] enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Y yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Mateo 28:19, 20, RV95

El 9 de diciembre de 1856, el más famoso misionero británico en África regresó a Inglaterra por primera vez tras su partida. ¿Su nombre? David Livingstone. ¡Y en qué celebridad se había convertido!

Con solo diez años de edad, David empezó a trabajar en las fábricas de algodón de Inglaterra, pero pasaba las tardes en la escuela nocturna. Tenía su corazón puesto en ser médico misionero en China. Entonces escuchó a un misionero hablar sobre «el humo de mil aldeas donde nadie había escuchado aún la historia del evangelio», y David decidió entregar su vida por África.

Cuando Livingstone llegó a África, tenía veinticinco años. Pronto descubrió que ser misionero en el interior de África en el sentido habitual era casi imposible. No había mapas de la zona y tuvo que luchar contra enemigos de todo tipo: desde moscas y mosquitos chupasangre hasta leones y traficantes de esclavos. La vida de Livingstone se volvió miserable. Los insectos transmitían la malaria y la enfermedad del sueño, y él temía por su vida a causa de los leones salvajes. Un día, un león herido atacó a Livingstone, abriéndole el brazo de un mordisco y rompiéndole el hueso. Estuvo a punto de morir por la infección.

Pero la ignorancia, la superstición y la inhumanidad del hombre hacia el hombre eran los peores horrores de África, y fue contra ellos que luchó Livingstone la mayor parte de su tiempo. Su lucha contra los bóers holandeses que esclavizaban a los africanos se convirtió en una pesadilla. Los bóers le robaron, destruyeron su casa y amenazaron su vida en repetidas ocasiones. Durante un viaje de siete meses al interior para ayudar a terminar con la trata de esclavos, sufrió 31 ataques de fiebre y disentería; fue testigo de los horrores de la poligamia, el canibalismo y la esclavitud; vio familias desintegradas y bandas de esclavos encadenados. Vio los cadáveres de esclavos desafortunados: sus cuerpos yacían al borde del camino, colgados de los árboles o flotando en el río.

El deseo de David Livingstone de ser misionero provenía de su amor a Dios y de su esperanza de ver algún día toda África liberada de las garras de la esclavitud. Su trabajo contribuyó a que los peores días de la trata de esclavos terminaran. El reto de Jesús de ir a todo el mundo y predicar el evangelio era exactamente lo que Livingstone quería, y al final dio gustosamente su propia vida por ello.

Bradley Booth ha enseñado en escuelas adventistas de los Estados Unidos, África, Rusia y Tailandia. Actualmente es el director de The Story Tellers Ministry, que ayuda a enseñar el arte de escribir historias antiguas que siguen siendo importantes hoy. La oración del Dr. Booth es que sus libros inspiren a los lectores a mantenerse de parte de Jesús tanto en los buenos como en los malos tiempos.