Pues aunque han conocido a Dios, no lo han honrado como a Dios ni le han dado gracias.
Romanos 1:21, DHA
¿Qué te parece si repasamos juntos algunos milagros y privilegios que los israelitas tuvieron al alcance de la mano?
Tenían un GPS que hoy sería la envidia de cualquiera: una nube los guiaba y los protegía del sol al mismo tiempo, moviéndose a la par.
En una época donde no existía la electricidad ni el alumbrado público, tenían luz y calor por las noches.
En medio del desierto árido, recibían alimento diario: el maná. En medio del seco desierto, tuvieron agua cuando la necesitaron. ¿Recuerdas el milagro de las aguas de Mara, o cuando Dios hizo salir agua de la roca en dos oportunidades?
A pesar de caminar grandes distancias por el desierto, sus sandalias y vestidos no se gastaron.
No necesitaron de puentes para cruzar el Mar Rojo ni el río Jordán. Dios les abrió las aguas y ellos cruzaron en seco.
Podría enumerar más maravillas que nos dejarían boquiabiertos. ¿Cuál es la reacción que deberían haber tenido los israelitas? ¿Admiración? ¿Reverencia? ¿Devoción a Dios? ¿Agradecimiento? La respuesta parece obvia. Y es que pensamos que deberían haber sentido todo eso y más. Pero tristemente, no fue así. Solo basta con leer desde Éxodo hasta Deuteronomio y ver una y otra vez el descontento constante del pueblo: “Nos moriremos en este desierto en manos de los egipcios”; “Estamos cansados de comer maná”; “No hay agua, seguro nos moriremos de sed»; «¿Está Jehová con nosotros o no?”; “Mejor hubiera sido quedarnos en Egipto», y la lista continúa. Qué triste, ¿verdad? Seguramente la ingratitud del pueblo provocó dolor en el corazón de Dios.
Imagina que eres un israelita. ¿Habrías sido igual, o diferente? Muchos pensamos: «Por supuesto que yo habría sido diferente!» ¿Seguro? Lee estas frases, a ver si te resultan familiares: “No me gusta esta comida”; “Mi ropa es horrible”; “Odio mis zapatillas, son feas»; «¿Por qué no puedo tener juguetes como los de mis amigos? Son más lindos que los míos”, y la lista podría continuar. ¡Ups! Parece que no somos tan diferentes a los israelitas después de todo.
Recuerda lo siguiente: tal vez no tienes todo lo que sueñas, pero posiblemente tienes la vida que muchos sueñan. ¡Sé agradecido!
Gabriela

