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Un Dios de amor y convivencia

Honra a tu padre y a tu madre.

Éxodo 20:12

Éxodo 20:12 nos dibuja un maravilloso retrato de Dios como un ser que valora la relación más importante en la Tierra: la familia. La convivencia en el hogar a través del amor es algo que debe ser cuidado con hechos y palabras de manera continua y sistemática, no en momentos aislados.

Qué importante traer al frente este mandamiento hoy, siendo que una de las características de la sociedad de los últimos tiempos es que somos “desobedientes a los padres” (Rom. 1:30; 2 Tim. 3:2). Desobediencia y honra están en polos opuestos de la ecuación.

Si el quinto Mandamiento se practicara, el mundo sería tan distinto. Las guerras, la delincuencia, la agresividad, el engaño, la mentira y el fraude son síntomas inequívocos de una sociedad donde no se honra al otro. Nuestro Dios ha querido librarnos de todo esto, enseñándonos a mostrar honra y respeto empezando por nuestros padres en el hogar.

Nuestros progenitores son aquellos que nos trajeron a la existencia, aquellos gracias a quienes todo lo que ha pasado en nuestra vida ha sido posible; por eso Dios nos dice que debemos honrarlos. ¿Qué no puede pasar en un mundo donde no se honra ni respeta a los padres?

¿Qué no haría una persona capaz de deshonrar y faltarle el respeto a los que le dieron la vida? Muchos expertos señalan que debemos buscar el origen de los problemas que enfrentamos como sociedad en la relación padres-hijos.

Cuando ese núcleo se descontrola viene un efecto dominó sobre todas las actividades que involucren a seres humanos. Esto explica la situación social, económica, moral, política y espiritual de hoy. Con esto es precisamente con lo que nuestro Dios quiere ayudarnos a través del quinto mandamiento.

Honrar a los padres incluye valorarlos, respetarlos, considerarlos en amor y obedecerlos. Si te fijas, se trata de los mismos valores que tanta falta hacen en todas partes. El plan de Dios es que los aprendamos desde la cuna, antes de salir a relacionarnos con otros. Dios cree tanto en este plan y está tan entusiasmado con él, que hizo acompañar este mandamiento de una promesa de larga vida para quienes lo obedezcan.

Al final, el Mandamiento también nos lleva al punto de reconocer que si aquellos que nos dan la vida merecen respeto y consideración, entonces el primero en esa línea es Dios. Por eso, practicar este mandamiento nos habilita para ser mejores hijos de nuestro Padre celestial, quien es mucho más digno de honra, respeto, amor y obediencia plena.

Roberto Herrera tiene un doctorado en Ministerio Pastoral por la Universidad Andrews y una maestría en Administración y Liderazgo por la Universidad de Montemorelos. Cuenta con más de treinta años de experiencia como pastor de la Iglesia Adventista, en la cual ha servido en todos los niveles: pastor de iglesia, departamental y administrador.