Dará a luz un hijo y lo llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
Mateo 1:21
¿Recuerdas cuando eras niño? ¿Recuerdas cuando te preguntaban: «¿qué quieres ser cuando seas grande?»? O, quizá, ves a tu hijo o hija crecer y con entusiasmo te acercas a él o ella y le preguntas: «Hijito, ¿qué quieres ser cuando seas grande? ¿Qué quieres estudiar?». Las respuestas eran y son variadas: pastor, médico, maestro, ingeniero, arquitecto, bombero, piloto, policía, entre otros.
¿Te imaginas al pequeño Jesús cuando todos le preguntaban: «Jesús, ¿tú qué quieres ser cuando seas grande?»? Los niños de su tiempo tal vez respondían que querían ser carpinteros, sacerdotes, masoretas, maestros de la ley u otra profesión u oficio. Casi puedo escuchar al pequeño Jesús diciendo: “Lo que quiero hacer cuando sea grande es morir». ¿Cómo? ¿Por qué diría eso?
Jesús sabía perfectamente a qué había venido al mundo y para qué había nacido. No fue para estudiar o aprender un oficio, desarrollarse como profesional, conseguir una pareja, tener una familia, vivir una vida tranquila mientras disfrutaba de sus hijos, envejecer junto con su esposa y, luego, descansar en la tumba.
Su futuro estaba predicho; él sabía muy bien que tenía poco tiempo. Su destino era morir, y su causa había sido anunciada y aceptada muchos siglos atrás. Pero a Jesús no le importaba eso. Al contrario, se empeñó, desde su niñez, a realizar esta tarea como un ministerio perfecto. El significado de su nombre lo revela todo: «Él salvará al pueblo de sus pecados».
Recuerda cuando Jesús se extravió en Jerusalén. Después de tres días, José y María lo encontraron discutiendo con los sacerdotes del Templo, y lo que les dijo a sus padres terrenales fue: «¿No sabían que en los asuntos de mi Padre tenía que estar?» (Lucas 2:49). Un niño nacido para salvar, nacido para salvarte, nacido para salvarme.
Apreciado amigo, el Señor te miró en tu desesperación cuando ni siquiera lo entendías. Él, plenamente consciente de su destino, estuvo dispuesto a morir desde su infancia porque te ama a ti y a mí. Su mayor anhelo es verte salvo. Su gracia te alcanza sin importar dónde te encuentres, ¡recuérdalo! Él vino para dar su vida para salvarte. Su mismo nombre, Jesús, revelaba su misión: salvar a la humanidad de la muerte y darle vida eterna. Todo es por su gracia.

