Viendo de lejos una higuera con hojas, se acercó a ver si hallaba algo en ella. Al llegar, nada halló sino hojas, porque no era tiempo de higos. Entonces Jesús dijo a la higuera: ‘Nunca más coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos.
Marcos 11:13, 14
Jesús se encontraba en Betania, su lugar favorito para descansar. Era el hogar de Lázaro y sus hermanas, Marta y María, y se encontraba a unos cinco o siete kilómetros de Jerusalén. Muy de mañana, el Señor se levantó y junto con sus discípulos se encaminó a Jerusalén. La Biblia dice que Jesús tuvo hambre y que, al ver una higuera, fue a ella para ver si encontraba algo de comer, pero no halló nada.
A pesar de que no era temporada de higos, ese árbol tenía hojas. Las higueras solo tienen hojas cuando tienen fruto. Sin embargo, esta en particular se levantaba erguida al lado del camino, presumiendo su hermoso follaje pero desprovista de alimento. El Señor dictó una sentencia final: «Nunca más coma nadie fruto de ti», y la higuera se secó.
Dios nunca hace nada sin sentido. El quería darle una lección a sus discípulos: la higuera representaba al pueblo de Israel, a quien el Señor había concedido el privilegio de ser su especial tesoro sobre todos los pueblos. Su deseo era que lo representara de manera tal que diera a conocer su gran amor hacia toda la humanidad. Lamentablemente, Israel no cumplió su cometido. Se sentía especial, superior y único, y consideraba que todos los no judíos estaban apartados de la gracia de Dios. Era un pueblo que tenia hojas, pero que no tenía fruto; era solo una farsa.
El Señor lo rechazó, dando la triste sentencia: «Nunca más serás mi especial tesoro. Ahora lo serán los escogidos de todos los pueblos que me acepten como su Salvador». Al igual que en el pasado, muchos pueden aparentar y pretender ser cristianos, pero solo por fuera. Tienen hojas, pero no frutos. Se pueden revestir de cualquier máscara, pero Dios conoce el corazón.
Dios secó a la higuera por pretenciosa, por aparentar ser lo que no era. Dios desea que ni tú ni yo aparentemos, sino que vivamos genuinamente ante su presencia. Puede haber muchos cristianos que aparenten, pero eso no debe desanimarte, ya que la sentencia final es individual. Ora al Señor para que cuando él venga tengas frutos y estos sean abundantes, porque todo es por su gracia.

