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La alianza

ALÉGRENSE CONMIGO PORQUE ENCONTRÉ MI OVEJA PERDIDA.

LUCAS 15:6

Alguna vez perdiste algo y eso te quitó el sueño? ¡A mí me pasó! Y casi dormí en el sofá por eso. Para las mujeres, es inadmisible que algunas cosas se pierdan. Por ejemplo, perder una alianza de casamiento sería motivo de una «romántica guerra nuclear», y encontrarla sería la más completa salvación de la patria matrimonial, ¿no lo crees?

Un día, después del trabajo, mi corazón casi se detuvo al darme cuenta de que la alianza de mi mano izquierda simplemente había desaparecido. Me desplomé al imaginar la frustración de mi esposa frente a mi descuido. La busqué… y nada. Pasé la aspiradora… y nada. Di vuelta a todo… y nada. Finalmente, oré, esperé… y nada. Confieso que estuve frustrado por varios días, y el paso de los meses me trajo resignación: nunca encontraría ese símbolo de mi matrimonio.

Pasaron quince meses. Un día, viajé a Perú. En una cena allí, me quité el abrigo y lo puse en la silla. Me comí una pizza deliciosa y, al final, volví a ponerme el abrigo. Fue en ese momento cuando Elino, un amigo mío, se largó a correr por debajo de las mesas como si estuviera persiguiendo un ratón. Todos se asustaron, porque mi amigo parecía un loco detrás de una cucaracha imaginaria.

«¡Escuché algo!», dijo mientras se acostaba en el suelo. Finalmente, encontró algo brillante en el suelo que me paralizó por unos segundos. Allí estaba: la alianza que yo había perdido hacía más de un año. Me puse tan feliz que le pagué la cena a mi amigo y llamé inmediatamente a Ellen, mi esposa. ¡Caso cerrado! El anillo estuvo en el bolsillo de aquel abrigo durante meses. Y, gracias al oído sensible de Elino, ese tintineo de la alianza por el suelo salvó mi vida.

¿Te acuerdas de las parábolas de la moneda y la oveja perdidas? A Jesús le gustaba ilustrar su amor por nosotros con alguien que pierde algo importantísimo y después lo vuelve a encontrar. ¿Sabías que nunca estaremos más perdidos de lo que el amor del Salvador es capaz de encontrar? Solo debes orar y pedirle a Cristo que nunca permita que te pierdas.

Si, para mí, Perú será siempre el lugar del mayor hallazgo de mi matrimonio, el día que vayamos al cielo será el mejor momento de Dios por la eternidad. Allí reunirá a sus hijos perdidos y seremos salvos para siempre. ¿No será lo mejor del mundo? Vive este día sintiendo cuánto te busca Jesús. Él se arrastró hasta la cruz para encontrarnos.

Y cuando te cases, jajusta bien esa alianza en tu dedo!