Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.
Efesios 5: 25
Uno de los ejemplos más conmovedores del amor de Dios se encuentra precisamente en este versiculo. Primero, el Señor asegura que su amor no es emocional; no es un amor que está moldeado por lo que la Iglesia haga, sino que sencillamente Dios la ama tanto que se entregó por ella.
Aun así, quedan muchas preguntas: ¿merecía la Iglesia ser amada así? ¿Correspondía la Iglesia con un amor igual? ¿Es más fácil amar u odiar a la Iglesia por sus actos? Cuando miras la Iglesia, en particular a los miembros que forman parte de ella, hay mucho que desear.
Es más fácil odiar que amar o querer a muchos de los cristianos y muchas congregaciones harían más bien al no llamarse cristianos por su nefasto testimonio. Sin embargo, incluso con todos esos elementos, Dios ama a la Iglesia con un amor que sobrepasa cualquier concepto humano.
Y ahora el Señor te dice: «Como yo amo a mi Iglesia, ahora ama igual a tu esposa». En el matrimonio, amar como Jesús ama a su iglesia se ha tornado difícil y en muchas ocasiones hasta imposible. ¿Cómo amar a una mujer tan difícil y testaruda como la que tengo?
¿Cómo amar alguien que lo único que me causa son dolores de cabeza y problemas? ¿Cómo amar a una persona infiel, inhumana, burlona y grosera? Señor, ¿por qué me pides eso? Jesús no ha dado ese ejemplo.
El ser humano, por donde se le vea, no merece ser amado dada la cantidad de actos malévolos que puede llegar a cometer: asesinatos, vicios, crueldades, egoísmo, adulterio y todos lo demás que hayas escuchado en los medios.
A pesar de esto, Dios lo ama. No tiene sentido, pero te ama sin importar si lo odias o no o si vienes cargando muchos pecados. Amar al cónyuge con todas sus fallas es divino y solo Dios te puede ayudar y enseñar a amar.
Es posible que encuentres mil motivos para no amar, pero una vez que ames, encontrarás mil motivos para no dejar de hacerlo. Aunque la persona no lo merezca y aunque vaya contra toda lógica, amar es lo que hace diferente al que conoce a Dios y al que no lo conoce.
En este día te invito a valorar tu relación con tu pareja. Puedo garantizarte que habrá motivos para no amar, pero tu cónyuge dirá lo mismo de ti. No obstante, cuando empieces a amar incondicionalmente experimentarás un atributo divino y tendrás un pequeño vislumbre del amor de Dios. Amar te hará feliz, porque amar solo es posible por su gracia.


