Pero luego dijeron entre sí: «No estamos haciendo bien. Hoy es día de llevar buenas noticias, y nosotros nos las estamos callando. Si esperamos hasta la mañana, nos considerarán culpables. Es mejor que vayamos al palacio y demos aviso».
2 Reyes 7: 9
Esta vez hablaré de lo que parecía una amenaza de robo, pero resultó ser un formidable ejemplo de honestidad. En 1836, los directores del Banco de Inglaterra recibieron una carta anónima en la que el autor afirmaba tener acceso directo al oro en el banco.
Los directores asumieron que era una broma y simplemente la ignoraron. Sin embargo, tiempo después, recibieron otra carta en la que el enigmático autor les ofrecía encontrarse con ellos a una hora de su elección dentro de la bóveda principal de oro.
Los directores estaban intrigados, pues consideraban imposible que alguien pudiera entrar en la bóveda sin su conocimiento. A pesar de ello, aceptaron la reunión y se reunieron una noche dentro de la bóveda como se acordó.
Para su gran sorpresa, a la hora acordada, se escuchó un ruido debajo de los tablones del suelo y un hombre apareció debajo de sus pies. Era Jon Smiff, un caza tesoros de las cloacas cuyas circunstancias precarias le obligaban a ganarse la vida rebuscando en las entrañas de la ciudad, donde no era raro encontrar cosas muy valiosas escondidas en la suciedad.
Jon Smiff descubrió un viejo desagüe que conducía directamente debajo de la bóveda de oro dentro del propio banco. Era un acceso antes desconocido que conducía a la mayor concentración de riqueza de la nación a través de los alcantarillados de Londres.
A pesar de sus precarias circunstancias, este cazador de alcantarillas y su esposa decidieron informar sobre su descubrimiento en lugar de vaciar la bóveda y desaparecer por el Támesis.
Después de un rápido inventario, se dieron cuenta de que el trabajador de alcantarillado no había tomado nada de la bóveda, a pesar de tener múltiples oportunidades para hacerlo. Como recompensa por su honestidad, los directores le regalaron 800 libras, una suma que equivale a 80 000 libras en dinero de hoy, poco menos de 1 800 000.00 pesos mexicanos.
La misma disyuntiva de Smiff y su esposa la enfrentaron cuatro hombres leprosos durante una gran hambre en los días del profeta Eliseo. Estos hombres, en vez de atascarse de comida para sí, prefirieron regresar a la ciudad y reportar el hallazgo.
Así salvaron a la población de la hambruna. Ciertamente, la honestidad tiene sus beneficios, y el mayor de ellos es la conciencia de haber hecho lo correcto.


