¡TODO EL QUE TENGA SED PUEDE VENIR A MÍ!
JUAN 7:37
¿Alguna vez jugaste a abrir un canal en la arena para que el agua del mar llenara un pozo que cavaste con tus propias manos? ¿O construiste un castillo de arena con un foso alrededor e intentas llevar agua desde la playa hasta él?
Creo que todos lo hemos hecho, ¿cierto? No sé tú, pero yo siempre terminaba frustrado cuando una ola más fuerte de lo esperado destruía todo. Nuestro viaje de hoy nos lleva a España, donde se encuentra uno de los acueductos mejor conservados de Europa.
En la ciudad de Segovia, un canal de agua suspendido a 28 metros de altura y que recorre 17 kilómetros hasta el centro de la ciudad es una de las mayores atracciones turísticas.
Su estado de conservación es tan impresionante que los bloques de piedra, los arcos dobles y la precisión de la construcción siguen siendo un testimonio de la ingeniería romana de la época.
Como las ciudades estaban rodeadas de fortificaciones, en muchos casos el suministro de agua para los habitantes provenía de montañas lejanas. Gracias a cuidadosos cálculos de ángulos y desniveles en el recorrido, los constructores lograron llevar agua suficiente para las necesidades de la población.
Este acueducto en Segovia, construido en el primer siglo después de Cristo, utilizó más de 35.000 bloques de piedra perfectamente encajados en columnas y arcos de soporte.
Abasteció a la ciudad durante siglos y hoy regala una imagen espectacular. Sabemos que todos necesitamos agua para sobrevivir, ¿verdad? Ahora bien, cómo obtener esa agua es otra historia. Para nosotros, parece sencillo abrir un grifo, pero hubo épocas en las que la dificultad era mucho mayor.
Acueductos, pozos, fosos y depósitos eran comunes en los tiempos bíblicos. Muchas personas caminaban kilómetros para llenar su cántaro. Por eso Jesús se llamó a sí mismo el Agua de vida.
Él sabía cuán importante era el agua limpia para un corazón sediento. Y nada más puede quitar realmente esa sed. Ni el jugo, ni los refrescos, ni los helados. Hoy tenemos un día por delante.
¿Bebemos abundantemente de la presencia de Cristo? Invítalo a participar en todas tus decisiones. No des ni un paso sin antes orar y pedirle que llene de vida todos tus sueños. Si Jesús es el Agua, no olvides contar con el Espíritu Santo como tu acueducto.
Así, el Salvador y el Consolador harán una gran diferencia en tu día. ¿Y si saciamos nuestra sed con ellos?


