ÉL ES MI AMIGO FIEL, MI LUGAR DE PROTECCIÓN, MI MÁS ALTO ESCONDITE, MI LIBERTADOR.
SALMO 144:2, DHH.
Además de disfrutar los viajes y las aventuras, como pastor, me gusta mucho predicar. Como sabemos, todo predicador necesita un púlpito. Puede ser de madera, acrílico o incluso de vidrio.
Lo importante es tener un lugar donde apoyar la Biblia y algunas anotaciones. ¡Prepárate! ¿Viajamos a Noruega para conocer el púlpito más grande del mundo? Este país de auroras boreales, sol de medianoche, salmón inigualable e inmensos desfiladeros naturales también tiene un lugar aún más increíble.
Está hecho de roca pura, y desde su cima se tiene una de las vistas más impresionantes del planeta… ¿Desde su cima? ¡Así es! El Preikestolen (que, traducido, significa «púlpito») es uno de los puntos turísticos más visitados de Noruega.
Consiste en un macizo de piedra bruta que deja a cualquiera boquiabierto. Con 604 metros de altura, este acantilado de caída libre equivale a un edificio de más de 220 pisos.
Su cima, una plataforma cuadrada de 25 metros por lado, es una invitación irresistible a quienes no escatiman esfuerzos para llegar a las vistas más deslumbrantes de la Tierra.
Desde allí, se pueden ver fiordos altísimos con ríos que serpentean en sus bases, vegetación que se desliza por las laderas y una plenitud indescriptible que se funde en el horizonte. Lo que más llama la atención es que la roca, de un admirable color gris claro, parece haber sido cortada con un enorme cuchillo afilado.
El acantilado es tan recto que los más valientes se acuestan al borde y dejan la cabeza colgando en el vacío para ver todo lo que hay abajo. ¡Simplemente fantástico! Lo curioso es que nadie sabe exactamente de dónde surgió la idea de llamar «púlpito» a este templo del alpinismo, pero es imposible no pensar en Dios en un lugar así.
Cuando Elías predicaba, Juan el Bautista anunciaba, Pablo sorprendía o Juan emocionaba, visualizaban a un Dios increíble en sus mensajes. Y ese mismo Señor quiere ser parte del sermón de tu vida en este mismo momento.
No necesitas ser un gran predicador ni tener un púlpito en Noruega. Solo deja que Jesús te use y verás el milagro de la salvación, en ti y en los demás. Y el paisaje futuro será aún más espectacular. ¡Deja que Dios te sorprenda!


